~MAKSIM~
Cuando regresé a la mansión ya era de noche. El cansancio del día todavía pesaba sobre mis hombros después de haber pasado horas inspeccionando almacenes, reforzando seguridad, revisando rutas y dejando órdenes claras a cada uno de mis hombres.
La guerra ya estaba respirándonos en la nuca y yo no pensaba permitir que Leonid Petrov encontrara una sola grieta por donde atacar. Por eso estaba haciendo todo lo posible por taparlas, aunque, obviamente, sabía que tarde o temprano él iba a terminar encontrando alguna y nos iba a causar problemas, así como yo esperaba encontrar en las de él y causarle muchos problemas.
Apenas entré a la sala principal, mis ojos la encontraron inmediatamente. Alessia estaba sentada en uno de los sofás, con las piernas cruzadas elegantemente mientras sostenía un libro entre las manos. La tenue iluminación bañaba su piel y el silencio tranquilo que la rodeaba contrastaba demasiado con todo lo que había llenado mi día.
M****a.
Me gustaba demasiado llegar y encontrarla allí esperándome.
Levantó la mirada apenas escuchó mis pasos y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Cerró el libro lentamente mientras yo caminaba hacia ella.
—Volviste tarde —murmuró.
Me incliné apenas hacia ella y capturé su boca en un beso lento, suave y necesitado al mismo tiempo.
—Tenía trabajo que hacer —respondí contra sus labios—. No puedo pasarme todo el día pegado a las tetas de mi mujer, mientras una guerra se orquesta a mi alrededor.
Y con eso abandoné sus labios y me incliné para dejar un beso en la deliciosa carne que se asomaba por su maldito escote.
Ese era uno de esos momentos en los que me gustaba que los usará.
—Hola para ustedes también, mis mejores amigas —murmuré, mirándolas por unos segundos, .ir tras la boca se me hacía agua.
Alessia se rio y sus dedos se deslizaron por mi mandíbula para levantar mi rostro al suyo.
—¿Cómo estás?
Solté un suspiro bajo.
—Cansado. ¿Y tú?
—Bien.
La observé unos segundos más a los ojos antes de preguntarle:
—¿Ya cenaste?
Negó suavemente con la cabeza.
—Te estaba esperando, mio marito.
Algo cálido se movió dentro de mi pecho.
—Gracias, moya Koroleva.
Sonrió apenas.
—¿Tienes hambre?
—La verdad es que mucha. Y de las dos hambres —declaré con una sonrisa pícara.
Alessia soltó una pequeña risa antes de ponerse de pie.
—Entonces vamos al comedor para que sacies una de esas hambres, antes de que empieces a gruñirle a las sirvientas.
Rodeé su cintura mientras comenzábamos a caminar juntos.
—¿Y Mila? —pregunté—. ¿Dónde está? ¿No comerá con nosotros?
Alessia levantó apenas una ceja.
—Se fue a descansar a su habitación.
Fruncí el ceño inmediatamente.
—¿Se volvió a sentir mal?
—No —me tranquilizó enseguida—. Está perfectamente bien. Solo está cansada y quiso ir a descansar y darnos un poco de espacio.
La miré con atención unos segundos más, intentando decidir si realmente me estaba diciendo toda la verdad.
Alessia terminó riéndose.
—Deja de poner esa cara de hermano paranoico. Mila está perfectamente bien.
Bufé apenas.
—Más le vale.
—Además —continuó ella mientras seguíamos avanzando—, es mejor así. Nosotros también necesitamos un poco de tiempo solos.
Sonreí lentamente.
—Tienes razón. De hecho pensaba llevarte a cenar fuera esta noche, pero se me hizo demasiado tarde en los almacenes.
Alessia suspiró apenas.
—Nicolo y Paolo pueden encargarse de protegernos.
—Confío completamente en ellos —respondí enseguida—, pero eso no será suficiente para lo que viene.
Entramos finalmente al comedor mientras seguía hablando.
—Las cosas van a ponerse mucho más violentas, Alessia. Leonid perdió a su hija y eso lo vuelve peligroso. No voy a correr riesgos contigo ni con Mila.
Ella sostuvo mi mirada unos segundos antes de asentir.
—Lo entiendo.
Me acerqué más a ella y bajé la voz.
—Sé perfectamente que puedes cuidarte sola. Créeme, nadie conoce mejor que yo lo peligrosa que eres. Pero eso no cambia que quiera reforzar toda la seguridad alrededor de ustedes.
Algo más suave apareció en su expresión.
—Está bien, Maksim.
Dos sirvientas aparecieron en el comedor y comenzaron a servir la cena.
Guardamos silencio mientras acomodaban los platos, llenaban las copas y vasos, y terminaban de preparar la mesa. Solo cuando se retiraron finalmente, Alessia tomó la copa de vino entre sus dedos y volvió a hablar.
—Hay algo importante de lo que quiero hablar contigo.
Levanté la mirada inmediatamente.
—¿Sobre Petrov?
Negó lentamente.
—No tiene nada que ver con eso.
Fruncí apenas el ceño.
—Entonces, ¿sobre qué?
Alessia sostuvo mi mirada unos segundos antes de responder:
—Es sobre Mila.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...