~ALESSIA~
La expresión de Maksim cambió apenas al escuchar el nombre de su hermana. Sus ojos de acero se afilaron inmediatamente, atentos. Protectores. Como si intuyera que algo malo pasaba.
—¿Qué pasa con Mila? —preguntó, con un dejo de preocupación y expectación.
Dejé la copa de vino sobre la mesa antes de responder.
—Ella y yo hablamos mucho, ¿Sabes? Ella me tiene confianza y hemos hablado sobre su futuro.
Vi cómo se tensaba apenas. No mucho. Solo lo suficiente para que yo lo notara.
—¿Y qué pasa con su futuro? —cuestionó.
Lo observé unos segundos antes de hablar.
—Mila cree que en algún momento tendrá que casarse con alguien por conveniencia. Con algún jefe de otra organización con quien tú hagas una alianza.
Maksim no respondió inmediatamente. Cortó un pedazo de carne con tranquilidad y luego dijo:
—Eso es algo normal en nuestro mundo. Tú lo sabes muy bien.
—Claro. Lo sé.
Levantó la mirada hacia mí y me dio un encogimiento de hombros.
—Entonces no entiendo la pregunta.
Incliné apenas la cabeza.
—Quiero saber si realmente harías eso con ella.
Sus cejas se fruncieron.
—¿Casarla por el bien de la organización?
Asentí lentamente.
Maksim dejó los cubiertos sobre el plato.
—Sí —respondió sin rodeos—. Y tú mejor que nadie deberías entender cómo funciona esto, Alessia. Tú misma terminaste en un matrimonio arreglado por el bien de la organización de tu padre.
Sonreí apenas.
—Lo mío fue diferente.
Entrecerró los ojos.
—¿Diferente cómo?
Me recosté un poco contra el respaldo de la silla mientras lo observaba.
—Yo te elegí como mi esposo.
Levantó las cejas mientras el asombro cruzaba su rostro.
—¿Me elegiste?
—Sí. Cuando supe que te ibas a casar con una mujer de nuestra organización me propuse ser yo esa mujer.
Parpadeé y sonrió.
—Cono ya sabes, no era a mí a quien habían elegido para casarse contigo. La elegida originalmente era Elena Marchetti. ¿La recuerdas?
Sus cejas se juntaron un poco como si estuviera haciendo memoria y luego sonrió.
—La recuerdo, sí. Recuerdo a la mujer muerta sobre su propio charco de sangre y tú señalándola mientras señalas el error que habría sido elegirla como mi esposa.
Una sonrisa petulante ensanchó mis labios.
—Yo me encargué personalmente de cambiarlo. Manipulé a mi padre para que me escogiera a mí como tu esposa.
Maksim soltó una risa baja, claramente sorprendido.
—¿Es en serio?
—Sí.
—¿Todo eso porque querías casarte conmigo?
Me encogí apenas de hombros.
—No tienes idea de todas las cosas que he hecho para terminar exactamente en el lugar donde estoy ahora.
Una expresión extraña cruzó su rostro. Mitad diversión. Mitad fascinación.
—No sé si sentirme halagado porque hicieras todo eso para convertirte en mi esposa o sentirme como un completo imbécil porque probablemente también me manipulaste a mí para conseguir lo que querías.
Me reí.
—Puede que seas un completo imbécil... Pero eres feliz, ¿no?
La sonrisa lenta que apareció en su boca hizo que mi pecho se calentara.
—Sí —respondió sin dudar—. Un imbécil muy feliz.
Lo observé unos segundos más antes de preguntar:
—¿Y no te arrepientes, verdad? Porque sabes perfectamente que soy justo lo que necesitabas.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...