~MILA~
Después de haber dormido toda la noche como una bebé, me levanté renovada. Los moretones en mi cuerpo habían disminuido un poco y los había cubierto con maquillaje, tal y como Alessia me había enseñado el día anterior.
Salí de la habitación dispuesta a empezar un nuevo día e iba bajando las escaleras lentamente cuando escuché la voz de Maksim llamándome desde la planta baja.
—Mila.
Volteé inmediatamente hacia el pasillo que llevaba al despacho y lo vi allí, debajo del umbral, como si hubiera estado aguardando por mí.
Vestía completamente de negro, como siempre. Imponente. Serio. Exactamente con esa presencia peligrosa que hacía que la mayoría de hombres apartaran la mirada cuando él entraba a una habitación.
Pero conmigo su expresión siempre se suavizaba apenas.
—Buenos días —saludó.
Sonreí mientras terminaba de bajar las escaleras.
—Buenos días, Maksimta.
Me acerqué a él y me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla.
Él apoyó una mano sobre mi hombro apenas un instante antes de preguntarme:
—¿Cómo estás? ¿Ya te sientes mejor?
Mi corazón dio un pequeño salto nervioso.
Oh, Dios.
¿Y si sí sospechaba algo?
Obligándome a mantener la calma, asentí rápidamente.
—Sí. Mucho mejor.
Estrechó su mirada mientras me observaba durante unos segundos, como si me analizara.
—¿Segura? Anoche te metiste en tu habitación desde temprano.
—Solo estaba un poco cansada, Maksimta. —Me obligué a sonreír—. Pero he dormido como una bebé toda la noche y ya me siento renovada.
Sus ojos de hielo me recorrieron con demasiada atención.
—¿Estás segura?
—Cien por ciento segura.
Y no era una mentira, realmente me sentía mucho mejor que ayer, después de esos masajes que las ávidas manos de los hermanos Ravelli me habían proporcionado.
Finalmente, mi hermano asintió despacio.
—Bien.
Luego añadió:
—¿Tienes un momento para hablar conmigo?
Sentí otra punzada de nervios atravesarme el estómago.
M****a.
«¿Acaso sabe cuál es el motivo de mi cansancio, o mejor dicho, los motivos de mi cansancio?»
—Claro —respondí intentando sonar tranquila.
Maksim hizo un pequeño gesto con la cabeza.
—Ven conmigo al despacho entonces.
Caminé a su lado por el pasillo mientras intentaba no ponerme paranoica.
Tal vez solo quería hablar conmigo de algo normal.
Tal vez Nicolo y Paolo seguían vivos y no enterrados en algún bosque por haber tocado a la hermanita del Pakhan.
Sí. Definitivamente esperaba eso.
Entramos al despacho y Maksim cerró la puerta detrás de nosotros. Me indicó una de las sillas frente al escritorio y ambos tomamos asiento.
Intenté mantener una expresión relajada.
Intenté.
—¿Sobre qué querías hablar conmigo? —pregunté y mi voz se tambaleó un poco.
Solo un poco. Lo suficiente para que Maksim no notara mi nerviosismo. O eso esperaba.
Maksim entrelazó las manos sobre el escritorio y me observó unos segundos antes de responder:
—Sobre tu futuro.
Fruncí el ceño inmediatamente, sin entender con claridad a qué se refería.
—¿Mi futuro?
Él asintió.
—Anoche Alessia y yo estuvimos hablando de ti.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...