~MAKSIM~
Volví a agarrar la hoja y releí el mensaje una vez más, apoyando los antebrazos sobre el escritorio mientras mi mirada recorría cada línea escrita en ella.
[[Propongo una reunión pacífica para llegar a un acuerdo conveniente que evite una guerra entre nuestras organizaciones y el derramamiento excesivo de sangre en nuestras líneas de fuego.]]
Solté una risa baja, áspera y completamente vacía de humor.
—Ahora quiere hablar de evitar guerras —murmuré—. Curioso viniendo exactamente del lado de donde todo empezó.
Artem permanecía de pie frente al escritorio, serio y atento. Alessia estaba a mi lado, todavía acomodándose la camisa mientras observaba el papel con el ceño fruncido.
—La pregunta es qué clase de acuerdo pretende ofrecer —dijo ella finalmente.
Giré apenas la cabeza hacia Alessia.
—Presiento que nada bueno, viniendo de un hombre como Petrov.
Ella asintió despacio.
—Yo tampoco lo creo. Los jefes de una mafia no son el tipo de hombres que piden reuniones para solucionar conflictos pacíficamente, especialmente después de lo que pasó con Irina.
Artem cruzó los brazos sobre el pecho.
—Podría querer tiempo.
Lo miré.
—¿Tiempo para qué?
—Para reorganizarse. Para mover mercancía y ponerla a salvo. Para reunir más aliados. Para preparar un golpe más grande mientras nos hace bajar la guardia creyendo que quiere negociar.
Alessia soltó una exhalación lenta.
—O puede ser algo todavía más simple.
Entrecerré los ojos.
—¿Qué cosa?
Sus ojos se clavaron directamente en los míos.
—Una trampa.
Ninguno de los tres habló inmediatamente porque no hacía falta hacerlo. Los tres habíamos pensado exactamente lo mismo desde el instante en que Artem dejó aquella hoja sobre el escritorio.
Leonid Petrov no era un político intentando firmar paz.
Era un Pakhan.
Y los hombres como nosotros no invitábamos enemigos a conversar para beber té, comer galletitas y resolver diferencias con apretones de manos.
Artem apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—Si aceptamos esa reunión, tenemos que asumir desde ya que existe la posibilidad de que intenten matarnos.
—Lo sé —respondí.
Alessia me observó unos segundos antes de hablar otra vez.
—Entonces la verdadera pregunta es si vamos a aceptar asistir.
Mi mandíbula se tensó.
Sí. Esa era la verdadera pregunta.
Porque negarnos nos haría parecer débiles y además nos dejaría completamente ciegos respecto a los movimientos de Petrov.
Pero aceptar también significaba entrar directamente en la boca del lobo.
Me puse de pie lentamente y caminé hacia las ventanas del despacho, observando el terreno de la mansión mientras pensaba.
Leonid acababa de perder a su hija. No importaba qué tan monstruoso fuera. No importaba cuánto entendiera las reglas de nuestro mundo. Un hombre como él jamás iba a quedarse tranquilo después de algo así.
La venganza iba a llegar.
La única diferencia era que todavía no sabíamos desde dónde.
—Vamos a ir —declaré finalmente.
Escuché el movimiento de Alessia detrás de mí.
—Estoy de acuerdo.
Artem también asintió.
—Es lo correcto. Si rechazamos la reunión, Petrov y todos a nuestro alrededor pensarán que tenemos miedo a enfrentarnos a la Bratva Petrov y, sea lo que sea que Leonid tiene preparado para nosotros, no podemos lucir débiles
Me giré hacia ellos.
—Pero lo haremos bajo nuestras condiciones. Si Leonid quiere una reunión, lo hará en nuestro territorio y quiero hombres apostados en cada posible punto de entrada y salida. Francotiradores. Equipos de respuesta rápida. Rutas alternativas de escape y comunicación constante en todo momento.
Había visto la sangre cubriéndole las manos mientras permanecía tan serena como una reina sentada en su trono.
Había visto el infierno detrás de sus ojos.
Pero eso no cambiaba nada.
Me acerqué hasta quedar frente a ella.
—No voy a ponerte en riesgo si existe la posibilidad de una emboscada.
—¿Y qué pasa contigo? —replicó inmediatamente—. ¿Tu vida vale más que la mía?
Mi mano subió hasta sujetarle la mandíbula con firmeza.
—No. Pero si algo sale mal ahí afuera, necesito que estés viva.
Alessia sostuvo mi mirada sin retroceder un solo centímetro.
—Maksim...
—Escúchame bien, moya Koroleva —la interrumpí—. Si eso termina siendo una m****a para nosotros y llego a morir, quiero que seas tú quien los destruya.
Vi cómo algo se tensó inmediatamente en su expresión.
Continué mirándola fijamente mientras acariciaba lentamente su mandíbula con el pulgar.
—Quiero que traigas el infierno a la vida de Leonid Petrov y de cada maldito hombre que se ponga de su lado.
Sus labios se separaron apenas.
—No hables de morir.
—Necesitas escucharme.
Mi voz salió más grave.
Más dura.
Más sincera.
—Nadie sería mejor para hacerlo que tú. Nadie sería más despiadado. Más inteligente. Más peligrosa.
Acerqué más mi rostro al suyo.
—Porque tú eres la Koroleva de la Bratva Volkov. Y si yo caigo, quiero que el mundo entero aprenda a temerte igual que me temían a mí... porque tú, Alessia Volkova, eres mucho más peligrosa que yo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA GORDITA QUE DOMÓ A UN MAFIOSO
A mi tampoco me deja y tengo saldo...
Que pasa q no se puede desbloquear las páginas contando con monedas ???? Sean serios y no sinvergüenzas Si alguien quiere seguir leyendo este libro vean estos mensajes y no caigan en esta estafa porque no se puede leer aunque se allá pagado...
No puedo desbloquear los capítulos y tengo saldo, ayudenme !!!...
No puedo desbloquear los capítulos y si cuento con saldo, ayuda!!!...