Apenas se abrió la reja, Mónica Prado se abalanzó sobre ella en dos zancadas.
—¡Mi Facu está muerto! ¡De seguro debes de estar saltando de alegría!
Floriana guardó silencio un instante antes de responder:
—No viniste hasta aquí solo para reclamarme eso, ¿verdad?
Mónica Prado apretó los dientes, escupiendo cada palabra.
—¡Mi hijo está muerto!
—Aquel día en la azotea, hice todo lo posible por convencerlo de que bajara.
—¡Y lo hizo por tu culpa!
—¿Te refieres a cuando intentó forzarme? ¿O a cuando atacó a Víctor y a la familia Crespo solo para obligarme a que me divorciara?
—¡Como sea! Todo lo que hizo, fue por ti.
—Él tomó su decisión. Si pretendes culparme de su muerte, te equivocas. No lo voy a permitir.
Mónica Prado tensó la mandíbula hasta casi rechinar los dientes.
—¡Facu era el único hijo que teníamos, nuestro único heredero, y ahora está muerto! Pero... pero dejó una hija, ¡y exigimos que nos entregues a esa niña!
El rostro de Floriana se descompuso al escuchar aquello.
—¡Carlota es mi hija, y jamás te la voy a entregar!
—¡Es sangre de la familia Prado, la única descendencia que nos queda! Mira, Floriana, estoy dispuesta a dejar de buscar culpables por la muerte de mi Facu, ¡pero tienes que devolvernos a Carlota!

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...