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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1112

Apenas se abrió la reja, Mónica Prado se abalanzó sobre ella en dos zancadas.

—¡Mi Facu está muerto! ¡De seguro debes de estar saltando de alegría!

Floriana guardó silencio un instante antes de responder:

—No viniste hasta aquí solo para reclamarme eso, ¿verdad?

Mónica Prado apretó los dientes, escupiendo cada palabra.

—¡Mi hijo está muerto!

—Aquel día en la azotea, hice todo lo posible por convencerlo de que bajara.

—¡Y lo hizo por tu culpa!

—¿Te refieres a cuando intentó forzarme? ¿O a cuando atacó a Víctor y a la familia Crespo solo para obligarme a que me divorciara?

—¡Como sea! Todo lo que hizo, fue por ti.

—Él tomó su decisión. Si pretendes culparme de su muerte, te equivocas. No lo voy a permitir.

Mónica Prado tensó la mandíbula hasta casi rechinar los dientes.

—¡Facu era el único hijo que teníamos, nuestro único heredero, y ahora está muerto! Pero... pero dejó una hija, ¡y exigimos que nos entregues a esa niña!

El rostro de Floriana se descompuso al escuchar aquello.

—¡Carlota es mi hija, y jamás te la voy a entregar!

—¡Es sangre de la familia Prado, la única descendencia que nos queda! Mira, Floriana, estoy dispuesta a dejar de buscar culpables por la muerte de mi Facu, ¡pero tienes que devolvernos a Carlota!

—¡Floriana, tú eres joven, puedes volverte a casar con otro y tener más hijos! Pero ¿qué hay de nosotros? ¡Facu está muerto y Carlota es la única nieta que tenemos! ¡Si no dejas que nos la llevemos, te juro que mi esposo y yo nos vamos a quitar la vida aquí mismo en tu cara!

Desesperada por proteger a su hija, Floriana empujó a la mujer para liberarse. No sintió haber empleado demasiada fuerza, pero, extrañamente, Mónica Prado salió proyectada y se estrelló brutalmente contra la pared. Al darse la vuelta, Floriana se dio cuenta de que varios transeúntes se habían detenido a mirar, y algunos incluso estaban grabando la escena con sus teléfonos.

—¡Floriana, no puedes ser tan desalmada! —empezó a gritar Mónica Prado dramáticamente—. Cuando te uniste a la familia Prado, ¡mi esposo y yo te tratamos como si fueras de nuestra propia sangre! ¡Te consentimos y te protegimos! ¡Y mi Facu te amaba con toda su alma, te daba todo lo que le pedías! ¿Y cómo le pagaste? ¡Siéndole infiel!

—¡Ese día, mi hijo te encontró revolcándote en la cama de otro hombre! ¿Tienes idea de lo mucho que lo destrozaste? ¡Desde entonces ya pensaba en quitarse la vida!

—¡Lo traicionaste a él y nos traicionaste a nosotros! Pero él te amaba tanto que estaba dispuesto a perdonarte, a formar un hogar contigo... ¡y tú en cambio te aliaste con extraños para empujarlo al suicidio!

—¡Floriana, eres una víbora venenosa! Ahora solo nos queda Carlota, nuestra única nieta, ¡y no contenta con negarnos verla, ahora también... también intentas asesinarme!

Era evidente que Mónica Prado había notado las cámaras y estaba escupiendo todas esas mentiras a propósito. Incluso su choque contra la pared había sido una vil actuación.

A Floriana le tenían sin cuidado las falsas acusaciones de esa mujer, pero la multitud de curiosos que se había congregado fuera se creyó cada palabra y empezó a señalarla con desprecio. Sabía que en el momento en que esos videos se subieran a internet, el mundo entero volvería a destrozarla.

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