Víctor lanzó un puñetazo directo hacia Mónica, quien, aterrorizada, retrocedió a tropezones hasta quedar fuera de la propiedad. Al verla en la calle, Víctor bajó el puño.
—¡Si vuelve a poner un pie en mi casa, le juro que no tendré piedad!
Mónica apretó los dientes con rabia.
—Víctor, no olvides lo que hiciste. Cuando mi hijo y Floriana aún estaban casados, tú te metiste en su relación. ¡Eres un rompehogares, un sinvergüenza!
—Si yo soy un sinvergüenza por meterme, ¿entonces qué es su hijo por engañarla estando casado? ¿Un santo?
—¡Mientes!
—¿Que yo miento? —se burló Víctor—. ¡Puede que yo haya perdido la memoria, pero el internet no olvida! ¡Con una simple búsqueda encontré toda la porquería que hizo! Hay montones de fotos de su hijo muy cariñoso con Esther Beltrán. Entrando juntos a hoteles, pasando la noche en el departamento de esa mujer, acompañándola a sus citas médicas durante el embarazo... ¿Me va a decir que eso no es ser infiel?
—Pero eso no es todo —continuó, alzando la voz—. Para complacer a su amante, le robó a Floriana proyectos y contratos, ¡e incluso se atrevió a humillarla y a levantarle la mano! Cuando Floriana quiso divorciarse, él se negó, dispuesto a hacerle la vida imposible. Ella, en su desesperación, acudió a mí. Y como yo soy un desgraciado de primera, me aproveché de la situación.
—¡Sí, soy una basura, que todo el mundo me juzgue si quiere! Pero le aseguro que soy mucho mejor hombre que su hijo. Floriana fue la verdadera víctima en todo esto. Ella no hizo nada malo, ¡así que no voy a permitir que venga a manchar su nombre!
Víctor gritaba a todo pulmón, asegurándose de que los vecinos y los mirones escucharan cada palabra y lo grabaran todo. No iba a dejar que esa vieja manipuladora controlara la narrativa.
Al escuchar la confesión de Víctor, la gente comprendió que los rumores sobre la supuesta infidelidad de Floriana escondían una verdad mucho más oscura.
Mónica se puso lívida del coraje.
—¡Mi hijo está muerto y tú sigues ensuciando su memoria!
—¡No estoy ensuciando nada! ¡La gente tiene ojos y puede buscar la verdad en internet!
Mónica apretó los puños. En el fondo, ella sabía la verdad. Nunca estuvo de acuerdo con las acciones de Facundo, pero él era tan terco que no la escuchó. Al final, ella simplemente se lavó las manos.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...