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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1115

Víctor, sabiendo que Floriana necesitaba espacio para asimilar todo, tomó a Carlota en brazos y la llevó a jugar a la planta alta para que su madre pudiera tranquilizarse un rato.

Una vez que logró calmar a la niña, bajó y encontró a Floriana sentada en la terraza, perdida en sus pensamientos. Víctor le sirvió un vaso de agua y se acercó.

—Perdóname. No sabía que habían pasado tantas cosas últimamente. Siento mucho no haber estado aquí para protegerlas —dijo Víctor mientras le entregaba el vaso. Llevaba un mes fuera del país y solo se enteró de todo el caos porque Isabella lo llamó de emergencia. Fue entonces que tomó el primer vuelo de regreso.

Floriana tomó el vaso y negó con la cabeza.

—No tienes por qué pedir perdón. No nos debes nada.

—¡Claro que sí! ¡Es mi responsabilidad!

Floriana lo miró a los ojos y notó que su culpa era genuina y profunda.

—Víctor, de verdad, no pienses así.

Aunque alguna vez estuvieron casados, fue un matrimonio por conveniencia donde ella lo utilizó. El divorcio fue de mutuo acuerdo y en excelentes términos. Incluso después de separarse, él sufrió un grave accidente de tránsito por estar involucrado con ellas, y aun así, nunca dejó de apoyarlas.

Floriana solo sentía una inmensa gratitud hacia él.

—Hace un momento estaba pensando... dándole vueltas a todo esto, y tomé una decisión.

—¿Cuál?

—Quiero llevar a Carlota de vuelta al pueblo. Y esta vez, creo que nos mudaremos de forma definitiva; no volveremos en mucho tiempo.

Víctor frunció el ceño, sorprendido.

—¿Vas a abandonar tu carrera?

—Me duele mucho dejarla —suspiró Floriana—. Pero estoy exhausta. Carlota también lo está, y le han hecho mucho daño en esta ciudad. Todo esto me hizo extrañar muchísimo la paz de nuestro pueblito. Quiero volver. No digo que no vayamos a regresar nunca; tal vez cuando Carlota crezca y necesite ir a la universidad, lo hagamos.

Era algo que ya venía considerando en secreto, y la intempestiva visita de la madre de Facundo fue la gota que derramó el vaso.

—¿Se... se van a ir ustedes dos solas? —preguntó Víctor, titubeando.

El corazón de Floriana dio un vuelco. Lo miró, intentando descifrar su expresión. ¿Qué quería decir? ¿Acaso él quería ir con ellas?

Ambos tenían palabras en la punta de la lengua, pero ninguno se atrevía a romper el silencio.

En ese momento, Carlota salió corriendo a la terraza. Había estado escuchando a escondidas desde adentro y no aguantó más.

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