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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1117

—¡Papi! ¡Papi! ¿Estás ahí dentro? ¡Anoche prometimos salir a correr cerca del lago! ¿Por qué no te has levantado?

Floriana se despertó sobresaltada por los fuertes golpes en la madera, pero no provenían de su puerta, sino de la habitación de enfrente.

Al escuchar la urgencia y frustración en la voz de Carlota, miró la hora y salió a ver qué pasaba.

—Carlota, mi amor, apenas son las seis de la mañana. Tu papá seguro sigue profundamente dormido.

Floriana bostezó, intentando tomarla de la mano para llevarla de vuelta a la cama un rato más.

—¡Pero quedamos de ir a correr a las seis en punto! Después íbamos a empacar, desayunar y agarrar carretera para el pueblo —se quejó la niña, haciendo un buen puchero.

—¿En serio?

Si le había hecho una promesa a la niña, claro que tenía que cumplirla. Floriana ayudó a Carlota a tocar la puerta un par de veces más, pero el silencio adentro era total. Probó girar la manija de la puerta, y esta cedió sin resistencia. Al asomarse, la habitación estaba vacía.

—¡Uy! ¿Será que papá madrugó más que yo? —preguntó Carlota asomando la cabeza de un lado a otro.

Floriana frunció el ceño. La cama estaba perfectamente tendida. Conociendo lo desordenado que era Víctor, era imposible que él la hubiera arreglado al levantarse. Eso solo significaba una cosa: ni siquiera había dormido ahí anoche.

Pero si no había dormido en su cuarto, ¿entonces a dónde diablos se había ido?

Antes de que Floriana pudiera encontrar una explicación lógica, Carlota ya iba corriendo escaleras abajo, llena de entusiasmo.

—¡Seguro me está esperando abajo!

Floriana la siguió a toda prisa, pero Víctor tampoco estaba en la sala ni en la cocina. Carlota salió al jardín a buscarlo, dando vueltas por todas partes, pero fue inútil.

—¿Se habrá ido a correr él solo? ¿Me dejó atrás? —Carlota ya estaba cruzada de brazos, con los ojos cristalizados por el coraje.

Floriana le acarició el cabello con ternura, intentando disimular su propio pánico.

—Voy a marcarle al celular para ver dónde se metió.

Pero la llamada mandaba directamente a buzón. La preocupación de Floriana se transformó en un nudo frío en el estómago. Subió de nuevo a la habitación de Víctor y, tras confirmar que no había rastros de él, fue a despertar a Isabella.

—¿Cómo que Víctor desapareció?

Isabella salió de su cuarto frotándose los ojos, todavía medio dormida, e hizo que Floriana le repitiera todo.

—Debe haber salido a hacer algo de urgencia. ¿Ya lo llamaste?

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