—Oye, en la secundaria... ¿alguna vez tuviste el cabello largo?
A punto de lograr su objetivo, a Tatiana no le importaban esas trivialidades. Intentó acercarse más, pero Ignacio la esquivó limpiamente.
Frustrada, tuvo que responderle.
—No, siempre lo he usado corto.
Al oír eso, Ignacio dejó escapar un gran suspiro de alivio. Al menos no era ella. Pero luego recordó que Tatiana era la heredera de una mafia, la Hermandad Gutiérrez. Independientemente de si sabía artes marciales o no, era alguien que tenía las manos manchadas de sangre.
Definitivamente no debía cruzar esa línea.
Rápidamente levantó las manos en señal de rendición y dio un paso atrás.
—Me rindo. Solo era una broma. No tenía ninguna intención de propasarme con usted, señorita Gutiérrez. Por favor, no me malinterprete.
Tatiana rodó los ojos.
—Ni que fuera un monstruo para que te asustes tanto.
Perdió el interés y saltó del escritorio.
—No se burle, la verdad es que soy bastante miedoso —admitió él.
Los ojos de Tatiana brillaron con picardía.
—No te preocupes, yo te protegeré.
—Pensé que a las mujeres como usted les gustaban los hombres rudos y musculosos.
—A mí me gustan los hombres guapos.
Ignacio confirmó que estaba siendo el blanco de sus coqueteos, pero no se atrevió a seguirle el juego. Carraspeó, fingiendo que no había escuchado nada.
Salieron del aula uno detrás del otro y se toparon con Natalia, que estaba parada frente a una ventana en el pasillo. Nadie sabía cuánto tiempo llevaba ahí.
Ignacio se acercó de inmediato.
—Natalia, ¿me estabas esperando?
Ella volteó. Sus ojos parecían un poco llorosos, pero miró a Ignacio y luego le dedicó una sonrisa a Tatiana.
—Quería invitarlos a comer. No sé si tengan planes.
Tatiana asintió animada.
—Claro, me encantaría. Nunca he comido en el comedor de una universidad.
—Hay lugares muy buenos. Los fideos que siempre pedimos Ignacio y yo son deliciosos —sonrió Natalia.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...