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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1157

Con los policías presentes, la pelea no duró mucho. A base de gritos y empujones, lograron separarlos rápidamente.

—¡Oficial, yo soy el verdadero padre de Sofía! ¡Quiero levantar una denuncia por abuso infantil contra este infeliz! ¡Y contra ella también! —gritó Claudio, señalando a Dora—. ¡Esta mujer sabía perfectamente que este animal maltrataba a la niña y no movió un dedo para defenderla! ¡No merece llamarse madre! ¡Me voy a llevar a mi hija de regreso a mi pueblo!

Al ver que Claudio lo apuntaba con el dedo, Felipe mostró los dientes, dispuesto a lanzarse sobre él nuevamente si no fuera por el brazo del oficial que lo retenía.

—¿Tú le hiciste esas marcas a la niña? ¿Llevas tiempo golpeándola? —le exigió saber el policía, mirándolo con dureza.

Felipe abrió los ojos fingiendo indignación pura.

—¡Yo... yo quiero a Sofía como si fuera de mi propia sangre! ¡La adoro! ¿Cómo se le ocurre que le pondría una mano encima? ¡Si van a acusarme, más vale que tengan pruebas y no me difamen!

—Entonces, ¿de dónde salieron las heridas de la niña?

—¡Se las hizo su madre! Como la niña es rebelde y nunca quiere hacer las tareas, a ella se le iba la mano. Yo hasta trataba de calmarla para que no le pegara tan duro.

Al escuchar la monstruosa mentira, Dora levantó la cabeza de golpe, mirándolo con puro terror. Felipe le clavó una mirada cargada de amenaza, y ella se estremeció entera, volviendo a bajar la mirada hacia el piso.

—Dora, ¿tú golpeaste a tu hija? —preguntó el policía.

Dora mantuvo la cabeza baja. El silencio en el pasillo se volvió asfixiante.

—Cuando me pediste que te diera a la niña, me juraste que la traerías a la ciudad para darle una mejor educación. Me partió el alma, pero por su bien acepté. Lo único que te exigí fue que la trataras como a una reina. ¡Mírala ahora! ¡Está en terapia intensiva! ¿Esta es la gran vida que le ibas a dar?

La desesperación devoraba a Claudio al ver el silencio de su exmujer.

—¡Eres su madre! ¡Le hicieron pedazos el cuerpo a tu propia hija y todavía tienes el descaro de encubrir a esta basura de hombre!

—¡No! ¡No fue él! ¡Fui yo! ¡Fui yo la que le pegó! —estalló Dora en llanto, gritando la mentira.

Claudio sintió que el mundo se le venía encima.

—Sofía también me dijo que cuando él llegaba borracho trataba de ahorcarla. Tenía tanto terror que por eso quería escapar al pueblo para buscar a su papá. Yo no podía dejarla sola, por eso me la llevé —continuó Samuel, sin titubear.

La revelación cayó como una bomba. Todos en la sala se quedaron helados.

¡Ese maldito infeliz había intentado asfixiar a una niña de apenas seis años, y su propia madre lo sabía y lo había permitido!

Antes de que los policías pudieran reaccionar, Claudio rompió el cerco y le acomodó un puñetazo brutal en la cara a Felipe.

—¡Si no querías a mi hija, me la hubieras devuelto! ¡¿Por qué te la llevaste para hacerle de su vida un infierno?! —Claudio lloraba de rabia, con los ojos inyectados en sangre al imaginar el sufrimiento de su pequeña.

—¡Y-yo no le hice nada! —lloriqueó Felipe, con la nariz sangrando, intentando mantener su teatro.

—Ahorrate los cuentos —lo cortó el policía con asco—. En cuanto la niña despierte, ella misma nos dirá toda la verdad.

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