Felipe apretó los labios con frustración.
—¡Pues si se le corregía era por desobediente! Su madre le pedía que hiciera cualquier tarea en la casa y la niña solo sabía hacer berrinches y llorar. A mí me ignoraba por completo; le decía dos palabras y se ponía altanera. ¿Qué querían que hiciera con una mocosa así? ¡A punta de golpes es la única forma de enderezarlos!
—¡No! —Dora soltó un grito sordo y desgarrador, rompiendo por fin su silencio—. Sofía es un ángel, siempre hace caso. Fue él... Él no puede tener hijos, por eso aceptó que me trajera a la niña a vivir con nosotros. Pero nunca pudo soportar que la sangre no fuera suya. De la nada explotaba de rabia y empezaba a golpearnos a las dos. Yo tenía la esperanza de que con el tiempo se encariñara con ella... pero se volvió peor, cada vez más violento. Pensé en regresarla con su papá... pero él me lo prohibió, me tenía aterrorizada...
Dora se derrumbó en el suelo, ahogada en su propio llanto.
—¡Perdóname, mi niña, no merezco ser tu madre!
Con la verdad sobre la mesa, la situación quedó clara para las autoridades. Sin embargo, Samuel se negaba a irse; la angustia por Sofía lo mantenía anclado al hospital y rogó pasar ahí la noche.
Isabella le insistió a Jairo que se fuera a descansar, ya que al día siguiente él tenía un viaje de negocios, mientras que ella podía pedir el día libre sin problemas.
Antes de marcharse, Jairo levantó a Samuel en brazos y le dio un suave golpecito en la frente.
—¿Ya te diste cuenta de en qué te equivocaste hoy, campeón?
Al recordar que Sofía acababa de salir del quirófano y seguía conectada a las máquinas, el miedo y el arrepentimiento asaltaron a Samuel de nuevo. Se aferró al cuello de Jairo y rompió a llorar amargamente.
—Papá... tú eres el más fuerte de todos. Haz que Sofía abra los ojitos, por favor, haz que se cure rápido, ¿sí?
Jairo sonrió con ternura y le acarició la espalda.
—Sofía va a despertar mañana, te lo prometo.
—¿De verdad?
—¿Acaso papá te ha mentido alguna vez?
Samuel le dio un beso sonoro en la mejilla.
—Si mi papá dice que Sofía despierta mañana, ¡entonces mañana despierta!
Isabella puso los ojos en blanco, medio sonriendo.
—¿Desde cuándo tu papá sabe más que los doctores?
—¡Mi papá lo sabe todo y es el más fuerte!
—¡Papá, quédate conmigo! Si te vas, ¡mamá me va a dar una paliza!
—Tu mamá no te va a pegar. Al contrario, está muy orgullosa de ti.
—No le creo nada.
Isabella tomó a Samuel de los brazos de Jairo y le hizo una seña para que se fuera a descansar de una vez.
Jairo le dio un beso a Isabella antes de despedirse y caminar hacia el ascensor.
Al ver que su protector se había ido, Samuel se quedó quietecito, sabiendo que ya no tenía con quién hacerse la víctima.
—Mamá, perdón. De verdad que no lo vuelvo a hacer.
Isabella suspiró con alivio y lo abrazó contra su pecho.
—Primero que nada, mamá quiere felicitarte. Aunque el plan que armaste fue un desastre, fuiste muy valiente e intentaste salvar a tu amiguita. Pero también tengo que llamarte la atención. Nunca intentes resolver problemas que son demasiado grandes para ti. Mientras seas un niño, tienes que pedirnos ayuda. Y esto no es una sugerencia, Samuel, es una regla.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...