Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 709

Al parecer, Isabella necesitaba clases particulares.

Jairo primero ayudó a los dos niños con sus tareas y esperó a que se durmieran para ir al estudio. En ese momento, Isabella seguía jalándose los pelos frente al borrador de su discurso; al verlo entrar, sintió que agarraba una tabla de salvación en medio del mar.

—Sálvame, se me va a quemar el cerebro.

Para cuando Isabella logró darle sentido a todo el discurso, o al menos aprendió a leerlo con fluidez, eran más de las dos de la madrugada. Caminó hacia la puerta bostezando, pero Jairo la detuvo.

—Fueron cuatro horas. Son cuatrocientos mil pesos.

—¿Cuatrocientos mil? —Isabella abrió los ojos como platos. ¿Ganaba tanto dinero en un ratito?

Resopló, sin muchas ganas de pagar.

—No traigo tanto ahorita, te los doy luego.

—No fío —respondió Jairo.

Al ver que Jairo hablaba en serio, a Isabella le brillaron los ojos con picardía y se recargó directamente en su pecho.

—Entonces… ¿y si pago con mi cuerpo?

Diciendo esto, se colgó de los hombros de Jairo y se acercó a sus labios. Su intención era solo burlarse de él, pero al sentir el calor de su cuerpo y su respiración, cayó redonda en su propia trampa.

Había lucha en la mirada de él, intentó voltear la cara, pero al instante siguiente ella lo besó. Al principio fue algo torpe y tímido, pero al confirmar que él no la empujaba, profundizó el beso.

Esto estaba pasando en pleno estado de sobriedad…

Ella trató de complacerlo deliberadamente, pegando más su cuerpo al de él y llevando la mano de Jairo hacia su propia cintura.

—Al señor Crespo no le gusta perder dinero, y son cuatrocientos mil, así que tendrás que cobrarte bien para que valga la pena —murmuró ella con la frente apoyada en su hombro, dibujando círculos con el dedo en el pecho de él.

—Siento que sigo perdiendo, claramente eres tú quien debería pagarme a mí. —Él le apretó la cintura con fuerza.

—¡Auch! —Ella le dio un golpe suave, haciéndose la delicada—. Soy una persona generosa, puedo pagarte con dinero, pero tienes que darme un buen servicio.

—¿Qué tipo de servicio?

Isabella levantó la vista y le mordió el labio inferior.

—Tú sabes cuál.

Podía sentir el corazón de él latiendo desbocado y su respiración cada vez más caliente. Justo cuando pensó que él perdería el control, Jairo la apartó de repente.

—¿Crees que ya me curé?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido