Isabella soltó un suspiro profundo.
—Voy a estar muy ocupada estos días. Muy, muy ocupada.
Cruzó la pierna y adoptó una postura de mujer empoderada, como toda una jefa.
—Si dicen que detrás de cada hombre exitoso hay una mujer que lo apoya, yo también necesito un hombre... ejem, quiero decir, un niñero que cuide a los niños y me atienda a mí.
Jairo entrecerró los ojos.
—¿Me estás tomando por niñero?
—Te voy a pagar un sueldo.
—¿Crees que me hace falta dinero?
—Disculpe, señor Crespo, ¿cuánto trae ahorita en la cartera?
Jairo apretó los labios. Traía un peso en el bolsillo, y para colmo, se lo había dado ella.
Al ver que se quedaba callado, Isabella dio una palmada en la mesa con decisión.
—Cincuenta mil pesos al mes. Cuidas a los niños, cocinas y haces la limpieza. Si me tienes contenta y te portas bien, hasta te doy un bono extra. ¿Qué dices?
Jairo curvó la comisura de los labios.
—Trato hecho. Le entro.
Isabella se aclaró la garganta, se levantó y señaló la mesa y la cocina que estaba detrás.
—Pues empiezas ahora mismo. Primero recoge los platos, limpia la cocina y luego vete a ayudar a los dos niños con la tarea. No me gusta la gente que se hace pato, así que muévete rápido y haz las cosas bien para que no tenga que regañarte.
Isabella, metida en su papel de patrona estricta, terminó de dar las órdenes y subió las escaleras con aire altivo.
Mantuvo la postura rígida todo el camino, pero en cuanto entró al despacho y cerró la puerta, soltó una risita maliciosa. ¡El gran señor Crespo trabajando de niñero para ella! ¿Quién lo creería si lo contara? Jum, eso le pasa por habérsela jugado.
Lo que Isabella dijo sobre estar ocupada era verdad. En un par de días tenía que asistir a un foro de tecnología enfocado en robots inteligentes y le tocaba dar un discurso. Leandro ya le había preparado el texto.
Según él, había tratado de usar palabras sencillas y fáciles de entender, pero cuando Isabella le echó un ojo, sintió que estaba leyendo jeroglíficos. Ya era difícil entender los términos técnicos, pero la mayoría estaban en inglés. Su inglés era bastante bueno, pero esas palabras parecían inventadas, nunca las había visto en su vida.
Intentó leer un párrafo y se lo mandó a Leandro para que le diera su opinión.
Leandro contestó casi de inmediato: [Este seminario es un evento muy formal y serio].

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...