Al ver que Violeta había estado ocupadísima desde hacía rato, un colega no pudo contener la curiosidad y se asomó a ver.
—¿Qué estás haciendo? Ese informe de análisis de mercado no se entrega hasta la próxima semana. ¿Por qué te adelantas? Nos vas a hacer quedar mal a todos.
Violeta negó con la cabeza y dijo rápidamente:
—Quiero entregarle este reporte a la señorita Calvo cuanto antes. Necesitamos maximizar el valor de los artistas para que generen suficiente dinero y la compañía tenga más utilidades en poco tiempo.
El colega arqueó una ceja, confundido.
Violeta continuó:
—Las ganancias de la empresa cuentan como pago de la deuda de la señorita Calvo.
Jimena le debía a la familia Núñez una suma enorme. Aunque los Núñez nunca le habían cobrado, Violeta entendía cómo se sentía Jimena. Era precisamente por esa deuda que Regina tenía la oportunidad de pavonearse frente a ella.
Siendo la ex de Federico, y considerando el favor que la familia Núñez le había hecho, Jimena tenía que aguantar. Y aguantar a la trepadora de Regina.
Si fuera la Jimena implacable de antes, jamás se habría tragado ese sapo.
Aunque Jimena nunca mostraba su frustración, Violeta lo notaba.
Los colegas alrededor comprendieron de inmediato. La señorita Calvo era víctima de las circunstancias familiares. Con su capacidad, en cualquier otro lugar la tendrían en un pedestal.
Federico, parado en la puerta de su oficina, escuchó todo. Frunció el ceño y apretó la mandíbula con evidente molestia. Había planeado explicarle las cosas a Jimena en cuanto Santiago y Regina se fueran. Pero ahora veía que, para Jimena, él no era más que un acreedor.
Sus explicaciones ya no importaban.
Federico suspiró, con un destello de disgusto en los ojos, y se dio la vuelta para entrar a su oficina. Cerró la puerta con un golpe seco.
¡Pum!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...