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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1198

Los ojos de Regina estaban exageradamente rojos, como si Jimena la hubiera humillado.

Federico frunció el ceño, su mirada se enfrió.

Jimena permaneció sentada en su lugar, miró a Regina, quien fingía inocencia, y dijo con voz muy suave:

—Señorita Serrano, no sea tan sensible.

Regina abrió la boca para hablar, pero Federico, sentado junto a Jimena, levantó la vista, la miró y dijo con voz grave:

—Si eres tan insegura que sientes que una conversación normal son indirectas y burlas hacia ti, entonces quizás este medio no es adecuado para ti.

En su voz no había ninguna emoción, solo frialdad.

Regina se quedó helada y su rostro palideció.

—Yo...

Quiso explicar, pero las palabras se le atoraron en la garganta.

Su intención era que Federico sintiera que Jimena la estaba atacando.

Sin embargo, Federico eligió ponerse del lado de Jimena.

Regina se mordió el labio con fuerza y no volvió a hablar.

Las palabras entre Federico y Jimena también escasearon.

Al terminar la comida, salvo Jimena que seguía igual que cuando llegó, los demás tenían una expresión sutilmente infeliz.

Al salir del restaurante, Santiago sugirió seguirla en otro lado.

—Federico, es raro que venga a Santa Brisa. Esta noche tienes que acompañarme a beber hasta que el cuerpo aguante, vamos a otro lugar para seguirla a gusto.

Federico no aceptó de inmediato; en su lugar, posó la mirada en Jimena, que estaba hablando por teléfono no muy lejos.

Jimena terminó la llamada y vio de reojo que Federico la miraba.

Era evidente que Santiago tenía ganas de seguir la fiesta. Jimena miró su reloj y caminó hacia ellos.

Antes de que Santiago hablara, Jimena se adelantó:

—Ya es tarde, yo me regreso. No los acompañaré a la siguiente ronda. Señor Núñez, con permiso.

Santiago la miró, sonrió y asintió.

—Está bien.

—Que le vaya bien, señorita Calvo.

El chófer asintió y arrancó el auto, alejándose del restaurante.

Federico se quedó plantado, con la mirada fija en la dirección por la que se había ido el coche de Jimena.

Santiago se acercó y le puso una mano en el hombro.

—La señorita Calvo tiene demasiada personalidad.

—A las mujeres con tanta personalidad hay que bajarles los humos.

—Déjala que se enfríe un rato y verás.

Federico le dio un fuerte codazo a Santiago en el pecho y dijo con voz helada:

—¿Qué pendejadas estás diciendo?

Con el rostro serio, sacó su celular.

En el chat grupal, Moisés acababa de escribir.

【@Federico, ¿Santiago llegó a Santa Brisa? Lo invitaste a comer y no nos avisaste a nosotros, qué mal pedo, eh. Manden la ubicación para la siguiente, ya vamos para allá.】

Federico respondió directamente.

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