Jimena permaneció recostada en el asiento, tranquila, hasta llegar a la Residencia Los Arrayanes.
Al llegar, el chofer detuvo el auto.
—Llegamos...
Apenas abrió la boca, Federico frunció el ceño y lo calló con la mirada.
El chofer se dio cuenta entonces de que Jimena se había quedado dormida.
—Bájate tú primero —le indicó Federico moviendo solo los labios.
El chofer asintió de inmediato y bajó del coche con mucho cuidado.
Federico también descendió, caminó hacia el lado donde estaba Jimena, abrió la puerta e inclinó el cuerpo, listo para cargarla.
Sin embargo, en ese momento, Jimena abrió los ojos.
Al ver el rostro atractivo de él tan cerca, hubo un instante de desconcierto en sus ojos.
Federico sonrió y dijo en voz baja:
—¿Despertaste?
Jimena asintió, se frotó el entrecejo y preguntó:
—¿Cuánto tiempo dormí?
—No mucho —respondió Federico—. Si estás cansada y no quieres caminar, puedo cargarte hasta arriba.
Federico parecía estar listo para servir a Jimena en cualquier momento.
Pero Jimena negó con la cabeza y sacó un pie fuera del auto.
Al ver esto, Federico no tuvo más remedio que hacerse a un lado.
Jimena bajó del coche y caminó hacia la entrada de la casa.
La noche anterior, Federico había entrado a su habitación tarde y la había despertado; después de eso, ella no pudo volver a conciliar el sueño.
Hoy se había levantado temprano, así que era inevitable que sintiera fatiga y se quedara dormida sin querer.
Federico la seguía de cerca. Cuando Jimena subía los escalones, él le sostuvo el brazo para apoyarla.
Jimena lo miró de reojo.
Federico sonrió explicando:
—Temo que la señorita Calvo esté muy cansada y se tropiece. Si eso pasa, mi madre me va a colgar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...