—Tengo entendido que la señorita Calvo no tiene ropa para montar a caballo, ¿qué tal si la llevo a comprar su equipo después del trabajo?
Jimena consultó la hora en su reloj de pulsera y asintió.
—Me parece bien.
El rostro de Federico se relajó. Se levantó de la silla y, con una sonrisa, le dijo:
—Entonces esperaré a que la señorita Calvo termine su turno. Avíseme.
Jimena asintió.
Federico abandonó la oficina.
Al finalizar la jornada laboral, Jimena se aseguró de despachar todo su trabajo pendiente y salió de su despacho.
Caminó hasta los elevadores, presionó el botón de bajada y de repente las palabras de Federico le vinieron a la mente.
Levantó la vista y echó un vistazo a la puerta de la oficina de él. Estuvo a punto de caminar hacia allí, pero después de dar un paso se detuvo. Desvió la mirada, sacó su celular y le marcó a su número.
Federico no tardó en contestar.
—¿Ya se desocupó, señorita Calvo?
—Sí.
Inmediatamente después de su respuesta, se escuchó abrir la puerta de la oficina de Federico.
Al salir, la vio plantada frente al ascensor. Él arqueó una ceja, colgó la llamada, guardó el teléfono y se acercó a ella.
—¿Acaso la señorita Calvo olvidó nuestra cita y pretendía irse sola?
Jimena asintió, sin ninguna intención de negarlo.
Al ver su respuesta tan honesta, Federico apretó la mandíbula en un gesto de resignación.
Era evidente que no la había tenido presente en absoluto. Una extraña e intensa sensación de impotencia lo invadió por dentro.
Justo en ese momento, las puertas del ascensor se abrieron.
Entraron y permanecieron en silencio durante todo el trayecto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...