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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1232

—¿Eh? —Moisés se quedó desconcertado.

Jimena alzó una ceja, fijó la mirada en Federico y entendió lo que pasaba.

Federico la miró fijamente, totalmente impasible.

Jimena no desenmascaró a Federico, sino que le respondió a Moisés con una sonrisa:

—Seguro me confundí, una disculpa.

Moisés soltó una risa nerviosa:

—Ya pensaba que la señorita Calvo me estaba tirando una indirecta. Llevo años soltero, no tengo a nadie. Si la señorita Calvo conoce a alguien que me convenga, que me la presente.

Jimena asintió y le siguió la corriente con cortesía:

—Si conozco a alguien, el señor Moisés será el primero en la lista.

En ese momento, Elian asomó la cabeza y agregó:

—¡Si le presentan a alguien, no se olviden de mí! Si no, todos van a andar en pareja y yo seré el único que ande solo dando lástima.

Moisés le dio un empujoncito con el pie y bromeó:

—¿Qué no eras de los que preferían la soltería a muerte?

Elian se rió y replicó:

—De vez en cuando se puede hacer una excepción.

Moisés soltó una grosería entre risas, y todos avanzaron platicando y bromeando hacia los establos.

Federico caminaba al lado de Jimena con una leve sonrisa en los labios; se inclinó un poco y le susurró al oído:

—Muchas gracias por no dejarme en evidencia, señorita Calvo.

Jimena levantó la mirada hacia él.

—La próxima vez que quieras tomar una foto, solo dímelo y cooperaré.

No hacía falta que inventara pretextos.

Federico enarcó una ceja, su sonrisa se hizo más marcada, y respondió simplemente:

—De acuerdo.

Eliana, que iba más adelante, no tardó en darse cuenta de que Jimena y Federico se habían rezagado.

El caballo soltó un fuerte resoplido por la nariz y Jimena retiró la mano casi por reflejo.

Fue entonces cuando Eliana notó la reacción de Jimena y le preguntó con cuidado:

—Señorita Calvo, ¿le dan miedo los caballos?

Jimena negó con la cabeza:

—No, es que no estoy acostumbrada a interactuar con animales.

Tiempo atrás había sufrido una caída de un caballo.

En aquella ocasión, el caballo se descontroló de la nada, la arrojó de la silla y luego le pasó por encima.

Ese dolor se le había quedado grabado hasta el día de hoy.

Había intentado ocultar su temor lo mejor que pudo, pero no contaba con que Eliana lo notaría tan rápido.

Al escuchar su explicación, Eliana le sonrió a Jimena:

—Ah, entiendo. Pues yo soy todo lo contrario a la señorita Calvo. A mí me encanta convivir con ellos. Pienso que los animales son más honestos que las personas, no tienen malas intenciones; si les agradas o les desagradas, te lo demuestran tal cual.

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