—¿Un malentendido?
Jimena recorrió el rostro pálido de Regina con la mirada.
—Pues ese «malentendido» lo inventó usted solita, ¿no cree, señorita Serrano?
Regina se quedó paralizada. Con la cara pálida y los labios apretados, mantenía una fachada de absoluta inocencia sin soltar una sola palabra.
Jimena le restó importancia, apartó la vista y se metió a su carro.
El chofer cerró la puerta de inmediato.
Regina se quedó de pie en la acera, viendo cómo el vehículo se alejaba hasta desaparecer del horizonte.
Al voltear hacia Estela, notó que la expresión de su amiga ya no era tan desafiante. Ahora que se le había bajado el coraje y la adrenalina, Estela empezaba a dimensionar el broncón en el que se había metido, y el miedo se le notaba en la cara.
Apenas había conseguido estabilizarse en su trabajo, y con la situación tan difícil,
si la llegaban a encerrar un par de semanas, era un hecho que la iban a correr de la empresa.
—Regina... —murmuró Estela, pálida como un fantasma.
Regina, con un nudo en la garganta, intentó consolarla:
—Estela, no te preocupes, yo voy a ver cómo lo arreglo.
Al escuchar eso, a Estela se le asomó un destello de genuino arrepentimiento.
Poco después, llegó la patrulla y los oficiales se llevaron a Estela.
Junto con ella, se subieron al ministerio público los abogados del Grupo Núñez.
Como Jimena ya había dado la orden de no ceder ni otorgar ningún perdón,
Estela tenía garantizados sus días en los separos.
Su única esperanza ahora era que Regina lograra convencer a Federico de mover sus influencias para sacarla del problema.
Mientras tanto, Violeta ya estaba recogiendo sus cosas para irse cuando, de pronto, su celular se volvió loco con decenas de notificaciones.
[¡Violeta! La señorita Regina y la jefa se agarraron allá abajo.]
[Oye, Violeta, ¿la jefa está bien?]
Sentía que, desde que Jimena se había casado con Federico, a donde quiera que iba, siempre había alguien dispuesto a humillarla.
¿Y ahora resultaba que hasta la asistente de Jimena se creía con el derecho de ladrarle en la cara?
Seguramente la veían la cara de ingenua porque era demasiado buena onda.
Por eso cualquiera sentía que podía pisotearla.
—Dices que mis problemas con Federico no son asunto de ella, Violeta, pero tu jefa es el único obstáculo que nos separa.
—Jimena me prometió, viéndome a los ojos, que se iba a hacer a un lado. Pero resulta que ya se está metiendo en la cama con él. Es una maldita mentirosa y una hipócrita.
Violeta soltó una carcajada sarcástica.
—¿Desde cuándo el señor Federico es un objeto de su propiedad? Como si se lo pudieran andar regresando como si nada.
—Además, en todos los años en los que la señorita Jimena ni figuraba en el mapa, tampoco es que usted y él estuvieran derramando miel, ¿o sí?
—Mire, la jefa no tiene al señor Federico amarrado del cuello. Si tantas ganas tiene de recuperarlo, vaya y llórele a él. ¿Qué chingados gana con venir a hacerle sus berrinches a la jefa?
—Ellos están casados. Lo más lógico del mundo es que se acuesten. Oiga, señorita Serrano, de verdad que usted es de lo más metiche, ¿no cree?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...