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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1298

Jimena posó su mirada en Federico, dejó de comer y le preguntó con total desapego:

—¿Cómo esperas que reaccione, Federico?

—Ponerme histérica por un asunto así no es mi estilo —continuó—, y dudo que a ti te agradara vivir con una mujer escandalosa.

—Regina ya da bastante lástima; si encima me voy contra ella, sería abusar. Además, me niego a desgastar mi energía en un pleito de celos absurdos. La educación que recibí no me permite rebajarme a ese nivel de drama.

Dicho eso, se levantó de la mesa.

Él alzó la mirada hacia ella y se puso de pie al mismo tiempo.

Jimena caminó hacia la salida. Al llegar a la puerta principal, se detuvo y se giró a medias para observarlo. Él le sostuvo la mirada.

Unos segundos después, le dedicó una leve sonrisa y pronunció con calma:

—Si lo que buscas es encontrar en mí algún reflejo de Regina, lamento decirte que vas a decepcionarte bastante.

Él intentó desmentirla de inmediato.

—¡Claro que no! Jamás he pensado...

Pero ella abrió los labios y lo cortó, sin cambiar su tono neutro:

—A juzgar por lo que he visto últimamente, creo que Regina y tú hacen una muy bonita pareja.

Sin agregar nada más, dio media vuelta y salió de la casa.

Él se quedó sin palabras, herido profundamente por aquel último dardo. Había invertido todo su tiempo y su cabeza en ella durante esos días, solo para que, al final, le restregara en la cara que hacía mejor pareja con su ex.

El coraje le revolvió el estómago; su pecho subía y bajaba con la respiración entrecortada.

Sabía que su jefa apenas se había recuperado y temía que su salud empeorara por el estrés.

—No te preocupes. Lo tengo controlado —respondió ella.

Sabiendo lo obstinada que era cuando tomaba una decisión, la asistente asintió y se retiró con delicadeza.

—De acuerdo, ahora mismo preparo la logística del viaje.

Ella aceptó con un movimiento de cabeza. En cuanto Violeta se fue, se levantó de su escritorio y se dirigió a la oficina de la señora Núñez, para informarle sobre su inminente viaje y el progreso de sus funciones.

La señora Núñez se mostró satisfecha con su organización, pero no pudo evitar fijar la mirada en el pálido cuello de Jimena, donde se asomaban unas ligeras marcas rojizas. Le habló en tono suave:

—En realidad, puedes posponer la inspección para el mes que viene; tómate este tiempo para instalarte bien. De todas formas, falta mucho para el próximo trimestre.

A fin de cuentas, ella sentía que la relación entre la joven pareja apenas estaba agarrando calor, y organizar un viaje de negocios de quince días, sin duda alguna, terminaría enfriando las cosas.

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