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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1306

Federico no le respondió. Su expresión era fría, como si no hubiera escuchado nada.

Regina se quedó de pie en su lugar con terquedad, con la mirada clavada en él.

Al notar esto, el profesor Vicuña dejó escapar un ligero suspiro y la llamó:

—Regina, vámonos.

A pesar del llamado del profesor, ella ni siquiera se movió.

Al ver su actitud, el anciano negó con la cabeza.

Fue entonces cuando Federico levantó la vista hacia ella. En sus ojos solo había indiferencia, sin el más mínimo rastro de emoción.

—En este mundo el «hubiera» no existe.

—Toda persona debe pagar el precio de sus propias decisiones.

La cara de Regina palideció de inmediato al oír sus palabras. Se mordió el labio con tanta fuerza que se le puso blanco.

Al verla así, al profesor Vicuña le dio un poco de lástima, por lo que miró a su antiguo alumno:

—Federico...

Al fin y al cabo, Regina todavía estaba convaleciente.

Federico desvió la mirada de la joven para enfocarla en su mentor y declaró con voz grave:

—Profesor, ya estoy casado.

El profesor Vicuña se quedó sin palabras.

Regina dejó escapar un sollozo, se dio la vuelta y entró corriendo al hospital.

***

En el Estado de Chavín.

Jimena terminó su cena de negocios y regresó al hotel junto con Violeta.

Tras entrar a su propia habitación, revisó la hora y luego sacó su celular para marcarle a Federico.

Del otro lado de la línea, él nunca contestó.

Jimena intentó dos veces y, al no tener éxito, no volvió a insistir; prefirió meterse al baño para arreglarse y descansar.

Justo cuando terminó de arreglarse y salió del baño, sonó la puerta.

—Si todavía suspira por su ex, no entiendo por qué aceptó casarse contigo. Los hombres que se casan sin haber superado a otra persona son unos completos patanes.

—Deberían mandarlo a sembrar arbolitos a Mirador del Sur, igualito que a Franco Ruiz.

Violeta estaba tan furiosa que habló de más. Apenas mencionó el nombre «Franco», de pronto se acordó de algo y se mordió el labio de inmediato.

Jimena mantuvo su expresión de siempre; escuchar ese nombre no alteró en absoluto su semblante.

—Vete a descansar temprano, mañana tenemos un montón de pendientes.

Violeta asintió, un tanto apenada.

—Ya lo sé.

Justo cuando Jimena iba a cerrar la puerta, la chica añadió en voz baja:

—Señorita Calvo, usted no se va a terminar enamorando del señor Núñez solo porque ya tuvieron intimidad, ¿verdad?

—Mhm —afirmó Jimena.

Solo entonces Violeta sintió un poco de alivio y regresó a su propia habitación.

Cuando Rosalía Espino y Franco la habían traicionado, Jimena había aparentado no tener ninguna reacción. Sin embargo, en aquel tiempo se había refugiado por completo en el trabajo, partiéndose el lomo día y noche.

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