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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1317

Justo cuando él estaba emocionado y dispuesto a tener un buen matrimonio, Jimena había dado marcha atrás con todo, actuando como si aquellas noches juntos jamás hubieran ocurrido.

A Federico le pareció como si le hubieran echado un balde de agua helada encima, dejándolo frío y temblando.

Acostado en la cama, fue incapaz de pegar un ojo en toda la noche.

Se levantó varias veces en la madrugada y salió de su habitación con la intención de tocar la puerta de Jimena y arreglar las cosas.

Pero, cada vez que llegaba a su puerta y recordaba la mirada tan fría y distante que ella le había lanzado antes, sentía un nudo de amargura en la garganta.

Así que se tragaba el malestar y se regresaba a su cuarto.

En ese ir y venir, Federico pasó la noche prácticamente en blanco.

A la mañana siguiente.

Jimena terminó de arreglarse y salió de su habitación; al segundo siguiente, Federico también salió de la suya.

Él la miró y movió los labios, pero el saludo que iba a decir primero se atoró en su boca.

Como Jimena lo había rechazado tantas veces últimamente, su confianza ya estaba bastante afectada.

Tenía pavor de saludarla y que ella simplemente lo ignorara.

La mirada de Jimena se posó en él y dijo de manera casual:

—Buenos días.

Al escucharla, Federico por fin respondió:

—Buen día.

—¿Dormiste bien anoche?

Jimena asintió:

—Bien.

La noche anterior, apenas dejó el celular, se quedó profundamente dormida.

Los primeros dos días en el Estado de Chavín tampoco se había acostumbrado, pero con la inmensa carga de trabajo y el cansancio acumulado, le resultaba muy fácil conciliar el sueño.

Al ver que Jimena le respondía con una sola palabra y sin la menor intención de preguntarle cómo estaba él, Federico habló por iniciativa propia:

[¡Federico, sal a dar la cara! ¡Dinos si es verdad!]

Elian: [Ya párenle, ¿no pueden notar a simple vista si es verdad o mentira la foto? Dejen de hacer escándalo, de seguro a Federico le está doliendo la cabeza con todo esto.]

Además de los mensajes en el grupo, Moisés le mandó mensajes en privado.

Primero le mandó la foto donde salía llorando y, debajo, un texto:

[Qué onda, ¿resulta que un mujerón de la talla de la señorita Calvo te quedó muy grande o qué?]

Federico contempló la foto con el ceño arrugadísimo. Apretó el celular con fuerza, alzó la vista hacia Jimena y, con una mezcla de rencor, furia y apretando los dientes, le reclamó:

—¿Dónde está Violeta?

En ese preciso instante, abajo en el comedor, Violeta, que estaba ordenando el desayuno para ambos, soltó un fuerte estornudo.

De la nada sintió escalofríos, la piel se le puso de gallina y una terrible premonición se apoderó de ella.

Al recordar el desastre que había armado la noche anterior, no pudo evitar sentir miedo.

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