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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 36

En la oficina de la dirección.

La Directora Julia giró el monitor de la computadora y señaló a la persona en la fotografía.

—Este es el Alcalde Herrera. Está a punto de ser promovido a un alto cargo, pero hasta el momento no ha dado ninguna declaración sobre los rumores que circulan. Si logramos hacerle una entrevista, las ventas de la revista de este mes se irán por los cielos.

Frente al escritorio, Magdalena y su compañero Santiago observaron la foto en la pantalla de reojo.

Santiago se rascó la cabeza, nervioso.

—Directora, no nos va a mandar a nosotros dos a entrevistarlo, ¿verdad?

La Directora Julia asintió con firmeza.

—Exactamente. Ustedes dos.

Magdalena sintió que el mundo se le venía encima. Ella trabajaba en el departamento de redacción, ni siquiera era reportera. Pedirle a alguien sin experiencia y sin contactos que entrevistara al alcalde era más difícil que pedirle que bajara la luna. Lo más probable era que ni siquiera la dejaran acercarse a él.

Ambos se miraron, viendo en los ojos del otro lo imposible que resultaba la misión.

—¿Y si el Alcalde no quiere recibirnos? —preguntó Santiago con preocupación.

Ese alcalde rara vez aceptaba entrevistas. Desde que había asumido el cargo, las veces que había hablado con la prensa se podían contar con los dedos de una mano.

Los políticos solían ser extremadamente cuidadosos. Sabían que, entre más se expusieran a las cámaras, más riesgos corrían. Si alguien les encontraba algún trapo sucio, lo mínimo que les podía pasar era perder el puesto, y lo peor, terminar en la cárcel.

—Por eso tendrán que hacer guardia y seguirlo —sugirió la Directora Julia.

¡Pero si no eran paparazzi!

La Directora Julia los miró y suspiró con resignación:

—Como saben, la revista no está pasando por un buen momento. Las ventas del mes pasado fueron apenas la mitad de las del anterior. Si seguimos así, para fin de año tendremos que cerrar.

Los dos salieron de la oficina con caras largas. Se quedaron parados en el pasillo, mirándose el uno al otro, rompiéndose la cabeza pensando en cómo acercarse a Benjamín Herrera para convencerlo de darles la exclusiva.

—El alcalde tiene un hijo que se llama Gabriel. Quizás él pueda soltarnos algo de información.

Santiago le dio un manotazo a su propia pierna y se enderezó de golpe.

—¡Tienes razón! Si no podemos con el padre, vamos por el hijo. Dicen que a Gabriel le encantan las mujeres. Si vamos a un club nocturno y lo rodeamos con unas cuantas chicas, seguro le sacamos la información de dónde estará el alcalde.

Era un plan bastante sucio, pero tratándose de alguien como Gabriel Herrera, a ella no le pareció que estuviera mal.

—Aunque... —Santiago se rascó el cabello, dudando de repente.

Al ver su cara de angustia, Magdalena le preguntó:

—¿Aunque qué?

—No sé si la revista nos vaya a reembolsar los gastos.

Magdalena se quedó sin palabras.

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