Entrar Via

Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 39

Al escuchar su nombre, Gabriel la reconoció al instante. Al notar que esa noche lucía mucho más hermosa y seductora que en la fiesta del abuelo, sus ojos se iluminaron de inmediato. Se quitó el cigarro de los labios y lo apagó en el cenicero.

—Señorita Sarmiento, ¿qué hace por aquí?

Magdalena parpadeó con inocencia; sus ojos oscuros irradiaban un encanto especial.

—Vine a buscar a mi cuñado. ¿De casualidad lo ha visto?

Gabriel negó con la cabeza.

—No.

Ella dejó escapar un suspirito decepcionado y, justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta para irse, Gabriel la detuvo.

—Entra y juega un rato. El señor Guzmán debe estar ocupado; luego te acompaño a buscarlo.

Ella miró a los demás hombres en la mesa, fingiendo timidez, y sus mejillas se ruborizaron un poco.

—Es que no conozco a sus amigos.

Los amigos de Gabriel, que sabían leer perfectamente la situación, no tardaron en seguirle el juego.

—¡No hay problema! Todos empezamos como desconocidos. Si eres amiga de Gabriel, eres nuestra amiga. Juegas un par de rondas y ya entramos en confianza —dijo uno de ellos.

Magdalena se mostró indecisa, así que Gabriel se levantó, caminó hacia ella, la tomó de la muñeca y la llevó hacia la mesa. La sentó en el mismo lugar que él ocupaba hace unos segundos.

—Juega por mí —le dijo.

—Solo sé un poco —respondió ella, dándole un vistazo a la mesa. Las apuestas parecían muy altas; estaban jugando miles en cada mano.

—Si pierdes, yo pago. Si ganas, es tuyo —aseguró Gabriel. La mujer que había estado sentada junto a él entendió la indirecta y se apartó para dejarle espacio. Gabriel se sentó justo al lado de Magdalena.

—Si pierdo todo tu dinero, tendré que dejarme como garantía —bromeó ella con una sonrisa.

Los demás en la mesa se echaron a reír, mirándolos a ambos con ojos llenos de doble intención.

El hombre sentado frente a Magdalena perdió todo su dinero, así que alguien sugirió que de ahora en adelante el que perdiera tendría que beber.

Las apuestas cambiaron del dinero al alcohol.

A partir de ese momento, los hombres dejaron de darle ventaja. Magdalena empezó a perder una ronda tras otra y tuvo que tomar varias copas seguidas.

Cada vez que dudaba sobre qué carta tirar, le preguntaba a Gabriel. Sin importar lo que tuviera en la mano, él solo asentía. Ella tiraba la carta confiada, y perdió varias veces contra los demás.

—¿Es verdad lo del ascenso del alcalde? —preguntó de nuevo, soltando otra carta como si nada.

Gabriel curvó los labios en una sonrisa cargada de atrevimiento.

—Eso solo lo sabe mi papá. ¿Qué te parece si te llevo a mi casa y le preguntas tú misma?

Ante su insinuación tan directa, ella solo sonrió en silencio. Si no estuviera allí para sacarle información, ya se habría levantado y lo habría dejado hablando solo.

Aunque tenía buen aguante, después de tomar una copa tras otra, comenzó a sentirse mareada. Le pidió disculpas a la mesa con un murmullo y se levantó tambaleándose en dirección al baño.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza