CAPÍTULO 46
Le saco el dedo del medio al maldito policía que me coloca la lámpara con luz brillante en el rostro dentro de la sala de investigación. Miguel me ha dicho que guarde silencio y solo hable cuando nuestro abogado esté en la estación de policía. Escupo el chicle que mastico con mis dientes y lo pego debajo de la silla en donde estoy sentada ganándome la mirada de reproche del mismo imbécil que me ha jodido desde que la patrulla me trajo a este lugar.
Maya, se volvió histérica cuando me arrestaron pero le dije que Sergei ni mi familia van a permitir que pase un segundo más en esta pocilga. Son casi las seis de la tarde y no he tenido noticias del magnate italiano, papá me ha dicho que apenas escuchó la noticia salió de la mansión Russo como alma que lleva el diablo y sólo quiero pensar que está intentando detener todo esto de una buena vez por todas. Mis manos me sudan y las esposas que me retienen de la libertad me aprietan mucho más a medida de que pasan los segundos sin saber de él. Hoy hemos hecho el amor y estoy más que convencida de que el italiano es todo lo bueno que tengo en esta vida y quizás en la próxima. Mis dedos se mueven por sí solos, alzo la vista apenas escucho la voz del detective.
—¿Nos ves cara de pendejos? Vamos, Smirnov, dinos ¿Dónde está tu cómplice coreano?—acumulo saliva en mi boca y lo escupo a pocos centímetros de donde se encuentra el marrano policía—Eres una puta—exclama con los dientes apretados y levantando una mano la cual termina estrellándose contra mi mejilla izquierda—Me voy a encargar de hacer tu familia mierda, las zorras como tú les gustan que se las metan por el cul…—no lo soporto más, con algo de destreza lo pateo con tanta fuerza que termino yéndome de espaldas. Mi cabeza impacta contra el suelo.
—¡Hijos de puta! ¡Sos un hijo de puta! Deja que mi novio se entere de esto… Te va a matar maldito cabrón de mierda… ¿Te sientes muy machito golpeando a una mujer? Si a las putas como yo nos gusta que nos follen por el culo, tu madre fue la primera, bastardo asqueroso…—las hebras de mi cabello se pegan a mi rostro. Lanzo patadas en el aire cuando veo su intención de acercarse a mí. Ruego a todos los dioses que me están escuchando ahora mismo que Sergei aparezca por esa puerta y le dé su merecido a este degenerado de lo peor—Ya le dije que Kim Soo Bi nos engañó, mi familia no tiene nada que ver con la mafia Coreana ¿En que idioma le estoy hablando?
Un hombre de casi dos metros llega de la nada y es solo así que el agente que lleva a cargo esta investigación me deja en paz. Con suma dificultad me levanto como puedo porque este par de gilipollas ni para esto fueron capaces de hacer. Vuelvo a colocar mis manos sobre la mesa y la sonrisa en el rostro del gorila con mirada siniestra me dice que lo peor está por comenzar—Nos acaba de llegar el informe de que usted y su primo Apolo estaban a cargo de la compañía cuando cerraron el trato con Kim ¿O me equivoco?—inquiere el pelirrojo. Prenso mi labio inferior para guardar silencio—Eres igual que el degenerado de tu abuelo. ¿Sabes que mi padre llevaba el caso del secuestro de tu abuela?—abro los ojos—Toda tu familia es una completa porquería…—empuño las manos—Hasta tú con esa cara de mosca muerta destilas ese olor nauseabundo de muerte y dolor…¿Qué se siente llevar la sangre de un asesino en las venas?—cierro los ojos para no responder. Puedo escuchar las risas de burla de ambos—Mínimo te darán cuarenta años de cárcel…—vuelvo a tierra y niego. Es imposible. Miro una vez más el reloj en la pared y la puerta. Han pasado tres horas y no tengo noticias de Sergei. Mis manos empiezan a sudar y puedo sentir un escalofrío recorrer mi espina dorsal.
Brinco al sentir un ruido fuerte provenir de la puerta principal y sonrío porque sabía que era imposible que él me dejara sola en este lugar. El par de agentes se levantan a toda velocidad pero termino decepcionada al ver a mi padre y a Miguel discutir con el general de este comando para exigirles mi libertad.—¿Qué quieres que haga, Smirnov? Tu nieta está metida en un asunto serio; nuestro amistad no podrá salvarla si se encuentra culpable ante sus cargos.—Demon Cooper acaba de llegar. Mi corazón empieza a latirme a millón por segundo. ¿Dónde está Sergei Russo? ¿Dónde está mi amor? Mis piernas comienzan a moverse, estoy entrando en pánico. ¿Sí Jessica le hizo algo? ¡No!! ¡No! ¿Si lo asesinó? Yo… Yo… Puedo percibir como papá me zarandea por la altura de mis hombros una y otra vez hasta que vuelvo en sí.
—¿Dónde está?—Miguel mira sus pies y Akim ni siquiera lo está haciendo—Papá… Abuelo…Déjenme aquí y vayan a buscarlo… Vayan a buscar a Sergei… Yo… Yo siento algo aquí…—toco con ambas manos mi pecho—Algo no está bien y tengo mucho miedo. ¿Pueden llamarlo? ¿Lo llamarían, por favor?—mamá entra a la pequeña habitación para pasarle su móvil a su marido y luego de algunos segundos de intentar comunicarse con él, niega—¿Pueden intentar desde mi teléfono? De seguro a mí si me contesta…—el líder de mi familia le pasa el aparato a su hijo e igual que anteriormente no hay respuesta.
Abro los ojos para acto seguido sentir como rompo a llorar.—Dara…—no soy capaz de verlos—Sonó por algunos segundos y luego… Apagó el celular.—empiezo a reír como desquiciada e intento ponerme en pie para buscarlo. Niego con la cabeza delante de mi madre porque saben que odio las bromas.—Hija…—Akim me toma de la mano y me suelto con brusquedad golpeando su rostro sin querer. Mamá me agarra de la cintura para abrazarme y termino abriendo los ojos y perdiéndome porque no sería capaz de algo así. Una mujer con cuerpo voluptuoso entra de manera arbitraria con unos papeles en las manos que tira con altanería sobre la mesa que hace algunos momentos sostenía mis manos.



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