CAPÍTULO 48
Entonces… Terminemos…
Sergei ni siquiera espabiló cuando efectivamente le confirmé que esta relación había acabado. Mi vida se ha roto por completo y ver a Jessica llevárselo lejos de mí fue lo más horrible que he visto ante mis ojos. Debo detener mi coche de vuelta a casa porque no puedo más con esto. Me rodeo con mis propias manos solo para imaginar que todo esto es solo una muy mala pesadilla. ¿De verdad está pasando? ¿Dónde quedaron tus promesas de amor? Me mintió todo este tiempo ¿Solo querías burlarte de mí? Quizás solo fui tu experimento…Niego. Sus besos y cada una de sus palabras sonaban tan reales ¡¿Cómo es que terminamos así?!
Le pego al volante una y otra vez hasta que mis manos empiezan a arderme, yo sé que puedo con esto o tal vez nunca lo lograré. ¿Qué me acabas de hacer? Ni siquiera fuiste capaz de tomar el brazalete que representaba nuestro amor del suelo. ¿Tan mala fui contigo? Mamá me dijo que sí podía amar y que ese sentimiento era lo mas hermoso del universo, ¿Pero por qué me duele tanto? Quiero abrirme el pecho y sacarme este corazón que solo te ama ti, pero si lo hago no seré capaz de verte de nuevo.
Vuelvo a manejar pero la lluvia que cae de repente pinta todo mi entorno aún peor, sigo llorando todo el camino como un si fuese una niña pequeña que ha perdido algo valioso para ella, Miguel empieza a llamarme y lo único que puedo hacer por ahora es colgar el teléfono. No deseo que nadie vea lo miserable que soy. Parqueo el auto a las afueras de Blue Sky y aunque escucho los gritos de los trabajadores del edificio para que me detenga y no salga con esta lluvia eso es lo último que hago.
Las gotas de agua se deslizan por mi cuerpo adolorido y corro lo más rápido que puedo para que el agua que cae del cielo se mezcle con mi llanto y así nadie pueda ver lo débil que me he vuelto por culpa de Sergei Russo. El elevador se abre y termino abriendo los ojos al ver a Thomas sonreírme con debilidad dentro del aparato, mi ex novio abre los brazos y aunque esto sería lo último que haría en mis cinco sentidos me tiro hacia su pecho y lloro delante de él como si no hubiese un mañana y mi vida dependiera de esto. Sus manos acarician delicadamente mi cabeza mientras que yo solo sigo quebrándome por mi corazón roto.—Vamos, vamos, sácalo todo, amor…
Como puedo camino hasta mi antiguo apartamento, Thomas me toma de la mano para guiarme hasta el sofá blanco en medio de mi sala y luego dirigirse hacia mi habitación y buscar algunas toallas secas para mí—¿Cómo sabes que estaría aquí?—escondo mi rostro entre mis manos—Me veo tan patética…—El español se apresura para sentarse rápidamente a mi lado. Cierro los ojos al sentir como sus dedos secan mis lágrimas y debo mirarlo fijamente porque en realidad no sé qué gana él con todo esto.
—Fui a la mansión Russo por ti cuando me enteré de todo, al parecer Sergei no estaba, pero fue Jessica la que me dijo que te acababas de marchar con tus cosas y mandó esto conmigo…—muerdo mi mejilla interna al ver el sobre con la invitación a su boda, lo miro pero no lo tomo porque hay que ser demasiado desvergonzado en la vida para hacer algo así—Debo decirte algo…—respiro hondo y muevo la mano para que continúe.—Una vez vi a Sergei recogiendo a su prometida en uno de los hoteles de su familia…Al parecer iban a alguna cena importante, ya que ambos estaban vestidos de manera informal y…Sergei llevaba un traje de dos piezas americano—dejo caer la toalla de mis manos, no quiero seguir escuchando esto. Pero hay algo que llama mi atención. Sergei no usa trajes americanos. El magnate tiene su propio sastre que diseña prendas exclusivas para él y yo las conozco todas.
Me separo un poco de él—Quiero estar sola, Thomas, ¿Te podrías ir?—me levanto del sillón pero vuelvo a quedar sentada al sentir como el español vuelve a colocarme en mi posición inicial. El pelinegro me suelta al notar como le aniquilo con la mirada—¿Qué crees que haces?—no dice nada por algunos segundos y sólo se centra en mirarme de una forma tan extraña que termina erizándome hasta la médula—¿Cómo fue que me dijiste que sabía que estaba aquí?—parpadeo asustada al ver cómo guarda mi móvil que hasta hace unos instantes estaba sobre la mesa de centro, debajo de él. Me echo un poco hacia atrás para mirar todo a mi alrededor, algo no está bien con todo esto.
—Sergei me dijo que fuiste a su mansión y Jessica salió medio desnuda a darme el sobre para ti, ¿Qué pasa?—toca mi frente y mi cuello y me tenso; él había dicho que no estaba el magnate italiano al principio en su residencia. Me está mintiendo.—¿Quieres darte un baño? Puedo preparar la tina para ti, además yo creo que es esta nuestra oportunidad para volver a estar juntos. El hermano de Alex se casará en dos días con su futura esposa…— sigue hablando pero yo estoy perdida en mis pensamientos. Thomas me está engañando descaradamente—¿Me estás escuchando, amor?—asiento para acto seguido volver a intentar levantarme en dónde estoy sentada y así poder caminar con cautela hasta la cocina de mi apartamento, mi ex novio continúa diciendo algunas cosas incoherentes y sin sentido. Algo en todo esto me da muy mala espina así que como puedo abro la gaveta de la isleta donde guardo los cuchillos y saco uno con mucha precaución para no ser atrapada.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perteneces, pequeña