Sentía las manos de Derek sobre mi cuerpo, tanteando con desesperación. Lo que no sentía eran mis pies. No había dolor, no tenía ninguna sensación. Bajé la vista y fui consciente de los latidos de mi corazón.
Mis pies estaban bien, sin sangre, sin heridas.
Los moví, porque aún no podía creer lo que veía.
«Estaba bien»
A Derek eso no pareció serle suficiente, me quitó el calzado y pasó su mano por la zona. Al confirmar mi estado, le lanzó una mirada cargada de odio al enmascarado.
―¿Piensas que soy estúpido? El Derek Fisher que conozco, nos habría dejado pensar que ella significaba algo para ti, para usarla como escudo, ya que a cualquier desobediencia, la mataría primero. En cambio, quisiste alejarla del peligro usando la psicología inversa conmigo ―El hombre ladeó la cabeza―. ¿Creíste que caería en tu mentira tan fácilmente?
Pude ver los músculos de su mandíbula tensarse. Evidentemente, estaba conteniendo una gran sed de sangre. Y aún así, me ayudó a ponerme de pie con una genuina tranquilidad.
―Acabemos con esto de una vez, padre ―siseó.
¿Padre?
Mi cuello giró en dirección del enmascarado riéndose. Este se quitó la máscara de payaso, dejando al descubierto un pasamontañas. Con razón que no le distinguía la voz, su voz estaba siendo amortiguada por ambas capas.
Retiró el pasamontañas de un tirón, revelando un cabello aplastado y unos ojos sin vida. Rodolf Fisher.
¡Ese maldito imbécil! Se tomaron muy personal lo que le hice a su camioneta.
¿Cómo no me di cuenta antes?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...