«Esta mujer... al final no puede soltarme, y tiene que buscarse alguna excusa».
Al pensarlo, la sonrisa en los ojos de Luciano se hizo aún más brillante.
***
Residencial Altavista...
—Tiago, tenías razón. La preciosidad no va a venir esta noche. ¿Cómo sabías que nos dejaría plantados?
Tessa sostenía su barbilla con ambas manitos, mirando a Tiago con profunda admiración.
Quería saber cómo había adivinado que la llamada de su mamá era para cancelar.
¡Y eso que la preciosidad les había prometido que volvería para contarles un cuento!
Tessa hizo un tierno puchero. Estaba visiblemente molesta; su mamá había vuelto a romper su promesa.
Tiago le dedicó una mirada de exasperación a su hermana.
—Tonta, si mamá fuera a venir, simplemente habría llegado. Si llama, es obvio que es para decir que no viene.
Pero había algo más que Tiago prefirió guardarse.
Cuando Tessa volvió y le contó lo que había escuchado a escondidas entre Luciano y su mamá, Tiago se había quedado con sentimientos encontrados.
Su mamá y ese hombre...
Pero al final, suspiró para sus adentros. Eran solo niños, ¿para qué meterse en los problemas de los adultos? Mientras su mamá fuera feliz, ellos apoyarían cualquier decisión que tomara.
—Tiago, acabo de regresar, ¿no puedes ser un poquito más lindo conmigo? —se quejó Tessa, haciendo aún más grande su puchero.
Hacía apenas un rato, cuando llegó, su hermano la había abrazado, revisándola de arriba a abajo para ver si estaba herida, llorando a mares. Y ahora, apenas un poco después, ya estaba volviendo a regañarla.
¿Dónde quedó el cariño? Ni tres minutos le duró el amor antes de mostrar su verdadera cara.
Al ver que Tessa bajaba la mirada, arrugando sus pequeñas cejas en una expresión de tristeza, Tiago estiró la mano y le pellizcó con cariño las mejillas regordetas.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos