¿Cómo un adulto podía ser tan malo en un juego tan fácil?
Pelayo soltó una carcajada nerviosa y torpe.
—¿En serio?
Después de soltar esas dos palabras, no supo qué más añadir.
Él recordaba que Tiago había mencionado que le gustaba la tecnología y usar la computadora, así que asumió que le gustaban los videojuegos. Por eso se había ofrecido de voluntario para jugar con él.
Pensaba que la complicidad masculina se forjaba partida a partida, y como sentía que Tiago no le tenía tanto cariño como Tessa, vio en esto la oportunidad perfecta para acercarse al niño.
Sin embargo, jamás se imaginó que Tiago fuera tan bueno. Sus reflejos eran increíblemente rápidos y la diferencia de nivel era abismal; Pelayo estaba recibiendo una paliza monumental.
Por un momento, llegó a dudar de si ambos estaban jugando el mismo título.
Si solo fuera Tiago quien lo derrotaba, podría haber consolado su ego pensando que el niño simplemente era un prodigio con demasiada práctica y talento natural.
Pero para su total humillación, ni siquiera era capaz de ganarle a Tessa.
—Tío Pelayo, mejor ya no juguemos. Eres malísimo en esto.
Tessa sacudió la cabeza con desdén, mirándolo con una mezcla de lástima y compasión tras ver sus humillantes derrotas.
Ella le había dado ventajas muchísimas veces y ni así lograba hacer algo bien. ¡Era demasiado torpe!
Pobrecito tío Pelayo, tan inútil.
—Yo... mi técnica no es la mejor, es que casi nunca juego cosas tan infantiles.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos