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Mi ex-marido me arruinó, volví con sus hijos romance Capítulo 84

Luciano le dirigió una mirada gélida. No era una mirada de broma, sino la advertencia silenciosa de una tormenta a punto de estallar.

«No me digas que este tipo va en serio con la chica...», pensó Benigno.

Viendo que su amigo estaba a punto de perder los estribos, decidió no jugar con fuego.

—De acuerdo, la bella durmiente ya despertó y mi trabajo como médico ha terminado. ¡Y hazme el favor de no llamarme de madrugada la próxima vez! ¡A uno le gusta dormir!

¡Lo peor de todo era que Luciano lo estaba botando a la calle apenas había terminado de exprimirle sus favores médicos! ¡Qué descaro!

Agarró una medialuna de la mesa y se la metió entera a la boca, creyéndose muy genial.

Sin embargo, se atragantó. Empezó a toser violentamente, hasta que se le salieron las lágrimas.

—¡Idiota!

A Luciano le dio pena ajena. Rodó los ojos con exasperación, ignoró a su amigo, sacó un secador de un cajón y subió las escaleras.

***

No fue hasta que Talía entró a la habitación que se dio cuenta de lo que había pasado. ¡Se había dejado mandar por Luciano Lara!

«¿Por qué le hago caso? ¿Quién se cree que es para darme órdenes?»

Indignada, dio media vuelta para salir.

Justo en ese instante, Luciano entraba con el secador en la mano, y chocaron de frente.

El impacto hizo que a Talía le doliera la nariz, su pie resbaló en el suelo de madera y su cuerpo se inclinó peligrosamente hacia atrás.

—¡Ahhh!

Al ver que caía, Luciano reaccionó con rapidez felina, pasó un brazo alrededor de su delgada cintura y tiró de ella hacia sí.

El suave rostro de Talía se estrelló contra el firme pecho del hombre.

Su oreja quedó presionada exactamente sobre el corazón de Luciano. Podía escuchar, con absoluta claridad, el latido fuerte, rítmico y poderoso.

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