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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1039

De repente, sintió una mano posarse con firmeza sobre su hombro.

Al girar la cabeza, vio a Joaquín Olvera.

Él le puso una paleta de caramelo en la boca. —No te enojes.

El dulce sabor se esparció por su lengua, y de manera instintiva, Patricia sonrió.

No era cierto. Todavía le quedaba un amigo.

Y se llamaba Joaquín Olvera.

Disfrutando de su paleta y fingiendo no ver la mirada de absoluta presunción que le lanzaba Renata, Patricia caminó tranquilamente hacia su lugar. Joaquín la siguió y se sentó a su lado un segundo después.

Renata clavó su mirada en las espaldas de los dos y apretó los puños, hirviendo de rabia.

Lo que ella quería era arrebatarle todo a Patricia.

¡¿Por qué demonios seguía teniendo a ese Joaquín a su lado?!

¡Ese maldito Joaquín Olvera!

...

Exactamente al cumplirse un mes de la muerte de la madre de Patricia, Felipe Quiles y Marisa Peñalosa firmaron el acta de matrimonio y decidieron celebrar una boda por todo lo alto.

Para la ocasión, las figuras más importantes e influyentes de todo Rosarito asistirían para felicitarlos.

Además, Felipe tenía planeado presentar oficialmente a Renata ante la alta sociedad durante el banquete.

Marisa estaba emocionada, pero a la vez algo inquieta. —Felipe... me preocupa lo que pueda hacer Patricia...

No hizo falta que terminara la frase; Felipe comprendió al instante sus temores.

Le dio unas palmaditas suaves en la mano a Marisa para tranquilizarla. —Marisa, te he hecho esperar tantos años. Por fin podré darte la gran boda que te mereces. No te preocupes, no permitiré que nadie arruine nuestro día.

—¿Y qué tienes pensado hacer?

...

El día de la boda, Patricia fue encerrada bajo llave en la mansión por los empleados.

Se le prohibió tajantemente asistir a la boda de su propio padre y se le negó el derecho de aparecer en público.

"¡Si no quieren que vaya, con más razón iré!", pensó con furia.

Por la memoria de su madre, tenía que presentarse y arruinarles la fiesta.

Por suerte, esa habitación daba a una zona apartada del jardín, por donde casi nunca pasaban los sirvientes.

Armándose de valor, Patricia se aferró a su cuerda improvisada y saltó por la ventana.

Cuando iba a mitad de camino, uno de los nudos que unía la ropa se soltó y cayó al vacío.

Como era de esperarse de una niña pequeña, los nudos no estaban lo suficientemente apretados. Afortunadamente, ya había descendido la mitad de la altura y el suelo no estaba tan lejos.

Rodó por el suelo entre los arbustos. Su ropa y sus zapatos quedaron cubiertos de tierra, hojas y lodo.

Sin perder un segundo para sacudirse, corrió a escondidas hacia el área donde estaban las casetas de los perros y se arrastró por el agujero para salir de la propiedad.

Su cálculo fue perfecto; en el momento en que salió, el auto de la familia Olvera se detuvo frente a ella.

Al ver a Patricia cubierta de lodo y hecha un desastre, Joaquín le tendió una elegante bolsa para trajes. —Menos mal que te preparé un vestido. Si vas a irrumpir en un banquete de bodas, tienes que hacerlo luciendo espectacular.

Sabiendo que la familia Quiles no planeaba llevarla a la boda, era obvio que tampoco le habían comprado ropa para la ocasión. Por eso, Joaquín había investigado su talla usando los uniformes escolares y le había comprado un hermoso vestido.

Incluso se aseguró de traer varios pares de zapatos de diferentes tamaños.

Patricia, con el corazón rebosante de gratitud, miró al chico sentado en el asiento del copiloto. —Muchas gracias, Joaquín.

—No tienes que agradecer. Somos compañeros de banco, ¿no? Es nuestro deber apoyarnos y avanzar juntos.

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