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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1065

El doctor se arrodilló ante Patricia, levantando suavemente su pie herido para limpiar la sangre y la suciedad antes de comenzar a desinfectar y suturar.

Patricia se mordió el labio con fuerza, sin emitir un solo sonido.

Este nivel de dolor ya no significaba nada para ella.

Al menos no dolía tanto como los cinturonazos de Felipe Quiles.

Temeroso de lastimarla, el doctor fue extremadamente cuidadoso y delicado. Un procedimiento que normalmente le tomaría diez minutos, terminó llevándole el doble de tiempo.

Tras darle unas instrucciones detalladas y dejarle antibióticos, el médico se despidió y abandonó la habitación.

Silvio Canto, que se había puesto ropa cómoda de color beige, sirvió dos vasos de agua fresca y le ofreció uno a Patricia.

Ella lo tomó, pero no bebió. A estas alturas, no se atrevía a ingerir nada que le diera otra persona.

A pesar de que este hombre era un viejo amigo de su madre, de que solía enviarle regalos cuando era más joven y de que acababa de salvarla…

Simplemente no podía confiar.

Sabía que era un trauma psicológico suyo.

Silvio notó su vacilación, pero no dijo nada al respecto. Bebió un sorbo de agua y le habló con un tono pausado: —Fui al funeral de tu madre. Quería verte, pero me dijeron que te habías desmayado de tanto llorar, así que no pudimos encontrarnos.

Patricia levantó la mirada hacia Silvio, sinceramente agradecida. —Gracias por ir a despedir a mi madre.

Silvio continuó: —Vi las noticias sobre la finca más tarde. Como no tenemos lazos de sangre, me resultaba difícil intervenir directamente. Pensé en usar la prensa para presionar a los Quiles y obligarlos a tratarte mejor por miedo al escándalo público. Nunca imaginé que terminarías incendiando la casa.

Patricia bajó la cabeza, jugando distraídamente con el borde del vaso. —Escuché a Lázaro y a Marisa Peñalosa hablar. Mi madre no murió por una intoxicación alimentaria al azar; ellos se aliaron para envenenarla. Por lo que dijeron, Felipe debía saberlo todo. De lo contrario, no habría movido sus influencias para que los empleados de la casa cargaran con la culpa y evitar así que Marisa fuera a la cárcel.

—¡¿Qué?! —Las manos de Silvio temblaron con tal fuerza que el agua se derramó, manchándole la ropa.

En ese instante, sus ojos se llenaron de una furia y un instinto asesino que no intentó ocultar.

Patricia se quedó paralizada al verlo.

Lo escuchó murmurar entre dientes: —¡Ese infeliz de Felipe merece morir!

Capítulo 1065 1

Capítulo 1065 2

Capítulo 1065 3

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