Renata creía que estaba hablando lo suficientemente bajo como para soltar su veneno sin consecuencias.
Nunca se imaginó que Leonardo y Nerea la escucharían y se voltearían al mismo tiempo.
Sus miradas eran igualmente oscuras, afiladas e intimidantes, como cuchillos directos al alma.
Renata se asustó tanto que un escalofrío le recorrió todo el cuerpo.
Al ver que Nerea y Leonardo miraban hacia un lado en particular, Doña Teresa de Maldonado siguió su mirada y preguntó confundida: "¿Ocurre algo?".
Si Renata solo estuviera hablando mal de Nerea, por respeto a la fiesta de don Sergio, ella habría fingido no escuchar.
¡Pero el problema era que había llamado a Sofi hija ilegítima!
Si lo dejaba pasar, en unos minutos el rumor de que Sofi era una bastarda se esparciría por toda la alta sociedad de Rosarito.
Nerea esbozó una media sonrisa. "Solo atrapé a una pequeña rata chismoseando a mis espaldas. Bastante molesto".
"¿Ah, sí?", respondió Doña Teresa. Aunque mantenía su sonrisa, su mirada se endureció al instante.
Observó lentamente al grupo de jóvenes y dijo: "¿Hablar a espaldas de la gente es la educación que les dieron? Que la persona que estaba hablando dé un paso al frente ahora mismo".
Renata recordó las advertencias de Marisa Peñalosa y temió haberse metido en problemas, pero rápidamente recuperó la compostura.
Había hablado muy bajito, y el salón estaba lleno de música de fondo y conversaciones ajenas.
Era imposible que Nerea y los demás hubieran escuchado exactamente lo que dijo.
Mientras nadie admitiera nada, no pasaría a mayores.

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