Tras entender la situación, los oficiales se dirigieron al Pueblo Coronel.
Allí, casi todos los habitantes se apellidaban Coronel.
Los que habían ido a causar problemas eran básicamente parientes de Enriqueta y estaban reunidos en su casa en ese momento.
La mirada oscura de Fernando repasó a cada uno de ellos. —Señor oficial, fueron ellos. Se juntaron y me extorsionaron por dos millones de pesos.
Los Coronel abrieron los ojos como platos, furiosos. —¡Puras mentiras! Nuestra familia crio a tu hermana durante veinte años. Ese dinero claramente fue para cubrir los gastos de crianza.
—La gente del Pueblo de los Álamos puede testificar que me amenazaron. Me dijeron que si no pagaba, no nos dejarían ir. No me quedó otra opción —refutó Fernando.
—¡Estás diciendo pura basura! —Enriqueta fulminó con la mirada a los Valente, pero luego le sonrió a la policía—. Oficial, no cometimos ninguna extorsión, no le haga caso a este mentiroso.
El oficial respondió con firmeza: —Si fue extorsión o no, lo averiguaremos en la comisaría. Acompáñenos para aclarar la situación.
Enriqueta empezó a negar con la cabeza, actuando como loca. —Tengo invitados en mi casa, no voy a ir a ningún lado. No hemos extorsionado a nadie.
A pesar de los intentos de diálogo de los oficiales, los Coronel se negaron a cooperar.
Al final, el oficial tuvo que sacar las esposas. —Por favor, colaboren.
Al ver las esposas, Enriqueta se dejó caer al suelo y comenzó a llorar a gritos. —¡No he roto la ley ni soy una criminal! ¿Con qué derecho me esposan? ¡Ay, Dios mío! ¡Ya no hay justicia en este mundo!
—¿Acaso la vida de los pobres no vale nada? ¿Nos arrestan solo porque les da la gana?
—¡No me voy! ¡Soy inocente! Si intentan llevarme a la fuerza, ¡me mato aquí mismo estrellándome la cabeza!
Los demás miembros de la familia Coronel rodearon a los dos policías, señalándolos y gritándoles en la cara.
—¡Con qué derecho se los llevan! ¿Acaso ese rico les pagó por debajo de la mesa?
—¡Vamos a reportarlos! ¡Los denunciaremos!
—¡Los acusaremos de corrupción! ¡De abuso de poder! ¡De abusar del pueblo trabajador! ¡No nos tratan como seres humanos!
Eran solo dos policías contra casi veinte personas enfurecidas. Se vieron acorralados, sin poder defenderse de los insultos y empujones.

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