"Trabajé en el equipo de cocina durante un tiempo en el ejército", respondió Leonardo mientras limpiaba las aves. "Yo me encargo de la cena de hoy. Va a probar mi sazón."
Don Hipólito alzó las cejas. "¡De ninguna manera! Ustedes son mis invitados."
Nerea, sentada a un lado picando la cebolla larga y el apio que el abuelo acababa de arrancar de la huerta, soltó una carcajada. "Si le decimos abuelo, es porque somos sus nietos. Trátenos como trataría a Mateo, pónganos a trabajar sin pena."
...
Por la noche, don Hipólito sacó una botella de licor fino. "Mateo me la compró hace años. Nunca me animé a abrirla. ¿Brindamos los tres?"
Leonardo se levantó de inmediato. "Yo le sirvo, abuelo."
El anciano se sentó con una sonrisa radiante, dejando que Leonardo le llenara la copa. "Son unos muchachos de oro."
Después de la cena, el abuelo ya estaba un poco pasado de copas. Leonardo lo ayudó a recostarse en la cama y le quitó los zapatos.
Nerea trajo una palangana con agua tibia para que Leonardo le lavara la cara y los pies al anciano.
Mientras tanto, ella salió para recoger la mesa.
Al escuchar el ruido, Leonardo asomó la cabeza. "Nerea, déjalo ahí. En cuanto termine con el abuelo, yo me encargo."
Nerea soltó los platos sin protestar y sonrió. "Está bien."
Su matrimonio anterior le había enseñado que una mujer debía amarse más a sí misma y no desgastarse en vano.
Justo en ese momento, golpearon la puerta. Nerea fue a abrir.
Afuera había un joven soldado. "Buenas noches, ¿aquí se queda el Capitán Rojas?"
Nerea asintió. "Así es. Está adentro, pasa a tomar un café."
El soldado negó con la cabeza. "No, gracias. Tengo que regresar a reportarme. Aquí está el paquete que pidió."
Nerea lo despidió y entró con la caja.
Leonardo salía del cuarto tras acomodar a don Hipólito.
El hambre, la ambición y la crueldad humana solo crecen si se les alimenta.
Por eso, esa misma tarde habían decidido montar un sistema de vigilancia.
Primero, por la tranquilidad. Nerea temía que la mujer enloqueciera y echara veneno en el tanque de agua potable.
Segundo, necesitaban pruebas definitivas.
Si lograban grabar a Chela en pleno delito, Nerea le pediría a Emilia que la metiera a la cárcel para dar un escarmiento ejemplar.
La logística fue rápida gracias a Héctor Omar, quien contactó a sus antiguos aliados en la región para conseguir el equipo la misma noche.
Leonardo se acercó a la cama y Nerea le hizo un espacio.
"Yo me cuidaré, y además Leo está aquí conmigo. Despreocúpate. Te mantengo al tanto", dijo Nerea antes de colgar.
Al dejar el celular, detuvo la mano de su esposo, que ya empezaba a buscar bajo las sábanas. "Esta noche, nada de travesuras. A dormir."

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