Elena Zapata, que le había servido un vaso de agua, la vio así y preguntó alarmada:
—¿Qué pasó? ¿Qué dijo Enrique?
Ximena tragó saliva con dificultad, dejó el teléfono a un lado y cerró los ojos:
—¡No dijo nada!
—¿Qué? —A Elena se le resbaló el vaso de las manos y este se estrelló contra el suelo. Sin prestarle atención, dijo desesperada—: ¿Qué vamos a hacer ahora? Te preparaste tanto para este concurso, ¿acaso todo tu esfuerzo será en vano?
—¡Maldita sea, esa Renata es una perra arrastrada! ¡Vaya que supo cómo jugar sus cartas!
Elena lanzaba insultos llenos de furia, pero al recordar la desgracia de su hija volvió a angustiarse, tomó su mano y le dijo:
—Ximena, ¿acaso Enrique no te adora? ¿Por qué esta vez se hizo a un lado? ¿Por qué no lo llamas de nuevo y le preguntas bien?
Ximena abrió los ojos, algo aturdida, y cuando estaba a punto de responder, su mirada se detuvo en el vaso roto y el agua esparcida por el suelo.
Porque esa imagen parecía un reflejo de ella misma, desechada cruelmente por Enrique Yáñez...
A decir verdad, un rato antes, cuando él volvió a acompañarla, había estado muy distante, mirando su celular a cada instante y apurando a la enfermera para que le pusiera la inyección, como si tuviera prisa por irse.
En el pasado, él jamás se habría comportado de esa forma.
Ella sabía que estaba desesperado por ir a buscar a Renata.
Elena seguía desesperándose a su lado:
—¿Qué hacemos? Ximena, ¡di algo!
Ximena reaccionó por fin. Forzó una pálida y amarga sonrisa y respondió:
—Lo intentaré de nuevo.
Si no funcionaba, tendría que... apostarlo todo en un último golpe.
¡Porque simplemente no podía soportar ver a Renata ascendiendo a la cima, pisoteándola como si fuera un escalón!
Si iba a caer, arrastraría a Renata con ella.
Elena asintió repetidamente:
—Sí, sí, inténtalo de nuevo, ¡Enrique te quiere muchísimo y te consiente, seguro que no soportará verte así!
—¿Qué se cree esa Renata? Para Enrique, ella solo es una novedad. En cuanto se aburra de ella la dejará tirada; yo conozco a los hombres mejor que nadie.
—...
Ximena apretó los labios y guardó silencio, deseando de verdad que los sentimientos de él por Renata solo fueran un capricho pasajero.
Elena maldijo durante un rato más. Justo cuando tomó aire, recibió una llamada.
Era el Secretario Chen, de la empresa.
Elena se calmó y contestó de inmediato:


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