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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 268

Media hora después, llegaron a Bahía Serena.

Enrique entró arrastrando a Renata de la mano.

Inés, que estaba acomodando algunas cosas en la sala, se alegró al verlos llegar y los saludó con una sonrisa.

—¡Joven Enrique, señorita Renata, ya regresaron! ¿Tienen hambre? ¿Quieren que les prepare algo de cenar?

Por mucho que Renata estuviera peleada con Enrique, jamás se desquitaría con Inés.

Le respondió con voz suave:

—No, Inés, gracias. Ya cené. Vete a descansar.

—Oh... está bien.

Enrique miró a Renata con irritación. ¡Para los demás sí tenía una voz dulce y palabras amables!

Soltó un bufido, la guio escaleras arriba hacia la habitación principal y, apenas cruzaron la puerta, la acorraló contra la pared de la entrada, apretando su cuerpo contra el de ella mientras murmuraba:

—Renata, no amo a Ximena. ¡Si la ayudé fue porque no me quedó de otra! Créeme, ¿sí?

Renata echó la cabeza hacia atrás para evitar su aliento ardiente. Escuchando su justificación, mantuvo el rostro inexpresivo y hasta se dio el lujo de darle un consejo sarcástico.

—Si no te quedó de otra, entonces con más razón deberías quedarte a cuidarla. ¡Te entiendo perfectamente!

Enrique se puso lívido. Le dieron unas ganas enormes de morderle esa boca para ver de qué estaba hecha, ¡para que fuera tan testaruda!

—¿De verdad tienes que ser tan hiriente?

La mirada de Renata se volvió gélida.

—¡Fuiste tú quien me dio los motivos para serlo!

Sin decir más, lo apartó bruscamente, fue hacia el vestidor, sacó su maleta y comenzó a guardar sus cosas.

Enrique, que también tenía su carácter y ya estaba harto de ser rechazado una y otra vez, sacó su cajetilla de cigarros con la intención de fumar un poco para calmarse.

Pero al verla a lo lejos, vaciando sus cosas en la maleta como si estuviera a punto de mudarse para siempre, frunció el ceño con furia.

Tiró el cigarro al suelo, se acercó a grandes zancadas, la levantó de un tirón y la empujó sobre el sofá antes de abalanzarse sobre ella.

Le reclamó lleno de rabia:

—Renata, te lo dije: ¡No acepto terminar contigo!

Capítulo 268 1

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