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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 295

Renata tenía el corazón encogido. Observó cómo los guardias se llevaban a rastras a la empleada, y tardó varios segundos en apartar la mirada...

En contraste, a Ximena le importaba un comino. Su mente y sus ojos estaban clavados únicamente en los resultados del concurso; apretaba los puños de pura ansiedad.

Ana Valerio tomó el micrófono. Su mirada recorrió a los finalistas antes de hacer el anuncio oficial: —El primer lugar del Gran Concurso de Diseño de este año es para...

—¡Ximena Zapata!

Esas palabras resonaron en el auditorio con la fuerza de una sentencia.

Como un trueno en medio del silencio.

Renata quedó petrificada.

Ximena también se quedó paralizada por un instante, sin dar crédito a lo que escuchaba, pensando que sus oídos le jugaban una mala pasada. Pero entonces, cayó en cuenta de la realidad y estalló en una sonrisa eufórica. Lágrimas de pura emoción asomaron a sus ojos.

Se cubrió el rostro con las manos para asimilarlo, y no pudo evitar mirar a Renata. Al verla pálida como un papel, sintió un éxtasis indescriptible; ¡el peso en su pecho desapareció por completo!

—Je. ¿Lo ves, Renata? Por más talento que tengas diseñando, ¡al final nunca podrás llevarte el primer lugar!

—¿Y sabes por qué?

Ximena soltó una carcajada llena de segundas intenciones, la arrogancia desbordándose por sus ojos.

Como una aguja afilada perforándole la piel.

Renata sintió un dolor insoportable.

Recordó la escena antes de que comenzara el evento: Enrique Yáñez paseando por el vestíbulo con Ximena, hablando a puertas cerradas con los ejecutivos del evento.

Un nudo asfixiante se le formó en la garganta.

A estas alturas, había que ser muy estúpida para no darse cuenta de lo que había pasado.

¡Fue Enrique quien movió sus hilos para que los organizadores le regalaran la puntuación perfecta a Ximena!

De golpe, el sufrimiento se abalanzó sobre ella como un maremoto; feroz, aplastante, dejándola sin aire y con el pecho a punto de reventar.

Renata cerró los ojos de golpe. Los párpados le ardían, calientes y húmedos.

Ira, dolor, impotencia.

¡Cómo pudo hacerle algo así!

La voz venenosa de Ximena seguía taladrándole los oídos: —¡No importa cuánto talento tengas, jamás podrás superar una sola palabra de Enrique frente a los organizadores!

—¡Ahora, si me disculpas, voy a recibir mi trofeo! Ah, y luego tengo que hablar con Ana para coordinar mi pasantía en el Estudio Albor.

Al escuchar eso, el rostro de Renata palideció aún más y su cuerpo se tensó como una cuerda a punto de romperse.

Ximena soltó otra risita arrogante y, al escuchar su nombre de nuevo, caminó triunfante hacia el centro del escenario para recibir su galardón.

Capítulo 295 1

Capítulo 295 2

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