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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 310

Tras bloquear el celular,

Enrique se quedó embelesado con la fotografía por un largo rato, hasta que finalmente pulsó "Guardar".

Su galería de fotos siempre había sido austera. Rara vez guardaba retratos, y los poquísimos que conservaba... eran todos de Renata.

Pensó, con una sonrisa cínica, que así era la naturaleza posesiva de un hombre:

cuando deseas algo, lo tomas, te aferras a ello con uñas y dientes, y lo escondes del resto del mundo.

Enrique curvó los labios en una media sonrisa.

En ese momento, Pablo Cisneros tocó la puerta y entró con una pila de carpetas.

—Sr. Yáñez, aquí le traigo los proyectos que requieren su firma. No son urgentes, tómese su tiempo. Cuando los tenga listos, avíseme y vengo a recogerlos.

Enrique asintió, murmuró un "buen trabajo" y comenzó a hojear los documentos.

El Secretario Cisneros dio media vuelta para salir.

Pero, antes de que abriera la puerta, Enrique lo detuvo: —Un segundo, Pablo.

—¿Sí, jefe? ¿Se le ofrece algo más?

Enrique cerró despacio la carpeta que tenía entre las manos. —Si mal no recuerdo, bajo el paraguas de la Corporación Yáñez, tenemos una firma de diseño de interiores, ¿cierto?

—Así es, señor. ¿Ocurre algo con ellos?

—Ponte en contacto con el director creativo. Averigua si tienen algún proyecto de encargo privado exclusivo. Si es así, apártalo. Es para mí.

¿Un proyecto privado?

Pablo parpadeó, desconcertado.

Sin embargo, no tardó en atar cabos. Era obvio: su jefe estaba moviendo hilos en las sombras para ayudar a Renata con su carrera y darle experiencia antes de que entrara a su nuevo empleo.

¡Vaya estrategia! Su jefe no escatimaba recursos cuando se trataba de ella.

Seguramente ni el propio Enrique era consciente de la desbordante paciencia y dedicación que estaba mostrando.

—Entendido, señor. Mañana a primera hora hablo con la firma y lo mantendré informado.

—Gracias.

Enrique asintió con ademán sobrio.

...

A la mañana siguiente.

Renata desayunó, se arregló rápidamente y se dirigió al hospital para visitar a Doña Elvira.

Al cruzar el parque del edificio, se detuvo para alimentar a la gata blanca, con la esperanza de poder rastrear a sus crías. Lamentablemente, su búsqueda fue en vano.

Resignada, decidió que lo intentaría de nuevo al regresar.

...

En el hospital.

Mientras caminaba por los pasillos hacia la habitación VIP, Renata soltó un pesado suspiro al pensar en la extraña dinámica que tenía con Enrique.

¡Estaba harta de fingir que todo estaba bien entre ellos!

Para su alivio, al llegar, las enfermeras le comentaron que él había salido a arreglar unos asuntos y no volvería hasta la noche.

Capítulo 310 1

Capítulo 310 2

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