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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 74

Santiago quedó completamente desorientado por el golpe.

Se llevó una mano a la mejilla derecha y la fulminó con una mirada llena de ira.

—¡Renata, maldita sea, tú...!

¡Zas!

Antes de que pudiera terminar su insulto, Renata levantó la mano y le dio otra bofetada.

Santiago gritó de dolor. —¡Maldición, Renata! ¡Cómo te atreves a golpearme! ¡Soy el esposo de tu hermana!

—¿El esposo de mi hermana? ¡Ni de broma te mereces ese título!

Renata lo agarró por el cuello de la camisa, hirviendo de rabia. —¡Escúchame bien, Santiago Valdés! Ya no te considero familia. ¡Puedo hacer que empaques tus cosas y te largues en cualquier momento!

—¡Tú...!

—Dime, ¿cuántas veces le has pedido dinero a la familia Yáñez?

Santiago tragó saliva y desvió la mirada, murmurando: —La familia Yáñez tiene muchísimo dinero, ¿qué tiene de malo que les pida un poco? No pretenderás que Enrique te tenga gratis, ¿verdad?...

Al escuchar eso, una llamarada de furia encendió el pecho de Renata.

Lo empujó con fuerza por los hombros y le gritó: —¡Ese dinero no es tuyo! Tienes hasta esta tarde para devolver todo lo que les pediste, ¡o llamaré a la policía!

¿Llamar a la policía?

A Santiago se le salieron los ojos de las órbitas. —¡Renata! ¡Soy de la familia!

Renata no quiso malgastar más palabras con alguien de su calaña. Sin ceder ni un milímetro, soltó:

—¡Tienes toda la tarde, y nada más!

Y se dio media vuelta.

A sus espaldas, Santiago miró su figura alejándose, ¡con tanta furia que sentía que se iba a romper las muelas de apretarlas!

A su alrededor, un par de enfermeras que pasaban lo miraron de reojo y empezaron a susurrar entre ellas.

—¿Qué están mirando? —les gritó Santiago.

Una de las enfermeras rodó los ojos.

—Te lo tienes bien merecido. ¡Los hombres que abusan de sus esposas siempre terminan mal!

Durante los últimos días, cada vez que entraban a la habitación a cambiar los vendajes, lo habían sorprendido maltratando a su esposa.

Santiago tuvo el impulso automático de devolverles el insulto.

Pero al notar las miradas de asco de todos a su alrededor, finalmente se mordió la lengua, temiendo que alguien lo grabara y lo subiera a internet.

Soltó un par de maldiciones en voz baja y se marchó a zancadas.

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