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MI MARIDO ES UN DESCONOCIDO PERO EL MEJOR AMANTE romance Capítulo 75

Santiago creyó que César se había interesado en la joya y se la ofreció de inmediato.

—Si le gusta, Sr. Zaldívar, ¡quédeselo!

César le agarró la muñeca de repente. Su agarre fue brutal, sus ojos estaban ligeramente inyectados en sangre y desprendía un aura amenazante.

—¡Te pregunté de dónde sacaste este anillo!

El rostro de Santiago palideció por el dolor. Miró el anillo, luego al hombre, completamente desconcertado y presa del pánico, tartamudeó:

—No, no lo sé... E-este anillo lo... lo saqué de las cosas de mi esposa... ¡Ah, me lastima!

Su esposa.

¡Eso significaba que era la hermana de Renata, Isabel!

Entonces...

Camilo se puso alerta de inmediato y miró a su jefe.

—Sr. Zaldívar.

Era evidente que César había llegado a la misma conclusión. Soltó la muñeca de Santiago, quien cayó flácido al suelo al instante.

—Número de habitación.

Aterrorizado, Santiago no se atrevió a ocultar nada. —La 302...

Apenas terminó de hablar, César echó a andar. Sus pasos eran largos, y en cuestión de segundos, comenzó a correr por el pasillo.

"César, ahora no tengo mucho dinero, solo me alcanza para unos anillos de plata. Pero te prometo que en cuanto consiga trabajo y empiece a ganar bien, te compraré uno de oro. Por ahora, tendrás que conformarte con este..."

La dulce voz de la chica resonó en sus oídos como si el tiempo no hubiera pasado. Era como un manantial cálido, pero a la vez, como un cuchillo afilado rozando su alma.

Le traía tanta dulzura como dolor.

Fueron las palabras que ella le dijo en su tercer aniversario.

En ese entonces, ella ahorraba cada centavo. Les compró un par de anillos de plata completamente lisos, sin ningún diseño. Al final, ella misma se encargó de grabarles un patrón a mano, hasta el punto de hacerse sangrar los dedos.

Cuando él recibió el regalo, el corazón se le encogió de ternura. En ese instante, la abrazó con todas sus fuerzas y se juró a sí mismo que pasaría el resto de su vida mimándola y amándola. Jamás le fallaría a Tatiana.

Tristemente, el destino tenía otros planes y le arrebató a su tesoro demasiado pronto.

Y ahora...

—¿Cómo consiguió este anillo?

Bajo la luz clara de la habitación, el sencillo anillo de plata brillaba con un resplandor suave.

La mirada de Isabel tembló violentamente por un segundo, y sus dedos se aferraron con fuerza a las sábanas de la cama.

Aun así, le sonrió y le dijo:

—¿Se lo dio mi esposo? En realidad no es nada valioso, lo compré por internet. Es solo baratija.

César se quedó petrificado. Negándose a creerlo, bajó la mirada para examinar los grabados del anillo. Estaba a punto de refutar sus palabras, cuando notó accidentalmente la parte interna del anillo. Estaba completamente lisa, sin ninguna de las iniciales que Tatiana había grabado aquel día.

Con las prisas y la emoción, solo se había fijado en el diseño exterior.

¿Cómo podía ser...?

¡El patrón exterior era exactamente el mismo!

La mirada de César vaciló y frunció el ceño con profunda confusión.

Luego, volvió a mirar fijamente a Isabel, decidido a no dejar pasar ni la más mínima expresión en su rostro.

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