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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 11

—¿Necesitan tanto dinero? ¿Tu mamá te lo pidió a ti? —dijo Camila.

Por algo Camila la conocía como a la palma de su mano; no por nada eran tan buenas amigas.

—Sí —respondió Nanette.

Camila soltó un bufido.

—Te lo dije. Tarde o temprano te iba a embarrar en esto. Quiere que le pidas el dinero a Galileo, ¿verdad?

—Adivinaste.

—¡Ay, por favor! Todos estos años se hizo de la vista gorda ante todas las humillaciones que pasaste con la familia Godoy, pero nada más hay problemas y ahí sí se acuerda de ti.

—Mi papá se ha portado bien conmigo.

Solo que, debido al carácter dominante de Eloísa, muchas veces prefería quedarse callado.

—Además, ella me crio desde que era una niña. Lo tomaré como una forma de pagarle el favor.

Camila asintió, dándole la razón.

—Supongo que sí. Favor con favor se paga.

Y la vida se las cobra tarde o temprano.

Camila, siendo más realista, añadió:

—Pero ni se te ocurra pedirle nada a Galileo. Nomás te vas a humillar a lo güey.

Nanette lo tenía aún más claro:

—Con lo poco que me respeta, si bien me va, me presta cien pesos.

¿Seis mil millones?

Ni en sueños.

Camila habló con mucha seguridad:

—Tú encárgate primero, y lo que te falte, yo te lo completo.

Nanette sonrió con tranquilidad.

—Qué linda eres, Camila, pero ya hice cuentas y creo que no será necesario.

Camila venía de una familia de médicos prestigiosos, pero, al igual que Nanette, prefería ganarse la vida escribiendo código.

Cuando le tocó elegir carrera, su familia la obligó a estudiar medicina. Camila se negó por completo y la cosa se puso tan tensa que casi hace huelga de hambre para demostrar que hablaba en serio.

Al final, su familia tuvo que dar su brazo a torcer y depositaron todas sus esperanzas de heredar el negocio médico en su hermano menor, que todavía estaba en la secundaria.

Actualmente, Camila trabajaba en una empresa de tecnología. Aunque le pagaban bien, no tenía muchos ahorros. Su cuenta de banco apenas sería una gota de agua en el océano para este problema.

Por lo tanto, si Nanette de verdad le pedía ayuda, Camila se vería obligada a tragarse su orgullo y rogarle a su familia por el bien de su amiga.

—Nanette, ya no te preocupes por el dinero —dijo Guillermo—. Yo veré cómo le hago. Con que tú estés bien y vivas tranquila, me doy por bien servido.

Al decir esas últimas palabras, Guillermo sintió un nudo en la garganta por la culpa.

Él conocía perfectamente la situación de Nanette con la familia Godoy.

Pero con los constantes chantajes de Eloísa de que «hija casada es un problema menos», él había terminado cediendo una y otra vez.

Además, como la empresa iba de mal en peor, Guillermo se sentía aún menos preparado para plantarle cara a los Godoy.

Hoy en día, la familia Godoy era una de las más poderosas en todo San Lirio.

—Papá, déjame el tema del dinero a mí. Encontraré una solución —insistió Nanette.

—¿Seis mil millones? ¿De dónde vas a sacar tanto?

Nanette no supo qué contestar.

Tenía muchas ganas de decirle la verdad a Guillermo.

Pero le preocupaba que, si Eloísa se enteraba, las consecuencias serían un dolor de cabeza interminable.

Desde hace tiempo, Eloísa vivía paranoica con una sola cosa:

Le aterraba la idea de que, en un futuro, Guillermo le dejara la empresa familiar a Nanette.

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