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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 12

Todo porque su hijo biológico, Félix, bajo los constantes mimos de Eloísa, se había convertido en el típico niño rico malcriado.

Frustrada por su falta de provecho, Eloísa había gastado una fortuna enviando a Félix a estudiar Administración al extranjero, con la esperanza de que el bueno para nada regresara preparado para heredar los negocios de la familia Larco.

Nanette conocía los miedos de Eloísa, por eso nunca demostraba lo inteligente que era frente a ella.

Por mejores calificaciones que tuviera, por más diplomas o becas que ganara, e incluso cuando su primer emprendimiento fue un éxito rotundo, jamás mencionó nada de eso frente a ningún miembro de la familia Larco.

Solo si aparentaba ser alguien del montón, Eloísa podía estar tranquila.

Y así, la vida de Nanette también era un poco más llevadera.

Al escuchar el eco de unos tacones, Guillermo colgó el teléfono de inmediato.

Eloísa abrió la puerta de golpe, con un tono de voz áspero:

—Ni trates de ocultarlo. Te escuché hablando por teléfono.

Guillermo la miró, con evidente frustración.

—Nanette también es nuestra hija. ¿No podrías tratarla un poco mejor?

—¿Que yo no la trato bien? —replicó Eloísa a la defensiva—. Desde que pisó esta casa, ¿cuándo le ha faltado algo? Comida, bebida, ropa... ¿de qué se puede quejar? Toda esa ropa de marca que trae puesta, ¿a poco no se la compré yo?

Guillermo suspiró pesadamente.

—Le compraste toda esa ropa cara porque te daba pánico que, si no se vestía bien, fuera a dejar en ridículo a la familia Larco. Y para que las malas lenguas no dijeran que eres una madrastra tacaña.

—¡No importa por qué lo haya hecho! El punto es que no me puedes negar que me he portado bastante bien con ella.

—Pero lo que Nanette siempre ha querido es tu cariño —insistió él—. ¿Qué hija no quiere sentirse querida por su madre?

Eloísa soltó una carcajada burlona.

—¿Quiere todo servido en bandeja de plata? ¡Hay que ser menos encajosos en esta vida! Si no la hubiera adoptado y metido a esta casa, a saber en qué rincón andaría sufriendo ahorita.

Al tocar ese tema, el rostro de Guillermo se endureció.

—Si no fuera por lo que tú hiciste aquella vez...

Eloísa le lanzó una mirada fulminante y lo interrumpió de tajo:

—¡Guillermo! ¡Hay cosas que es mejor llevarse a la tumba! ¡¿O acaso quieres que esta casa sea todavía más un infierno?!

***

Capítulo 12 1

Capítulo 12 2

Capítulo 12 3

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