Iris se había arreglado especialmente para ese día.
Se puso un maquillaje sutil, un vestido a la altura de la rodilla y unos botines de piel.
Llevaba el cabello suelto con unas ondas suaves.
Se veía elegante y adorable a la vez.
A Nanette se le iluminaron los ojos y empezó a bromear con Gael.
—¿Acaso a esto se le llama ponerse hermosa para el amor de su vida?
Iris se sonrojó un poco.
—Claro que no, es que hoy vamos a conocer a personas muy importantes y no quería hacerlos quedar mal, así que me arreglé un poco más.
Nanette le acarició las puntas del cabello.
—¿Tienes miedo de hacerme quedar mal a mí, o a tu futuro esposo?
Iris apretó los labios con una sonrisa tímida.
Gael: —Ya no la molestes, sabes que se pone nerviosa muy rápido.
Nanette sonrió.
—¿Oh? Parece que mi hermanito ya sabe defender a su mujer. Muy bien, has madurado.
De pronto, recordó algo.
—Por cierto, ¿cuándo van a sacar su acta de matrimonio?
Iris miró a Gael.
Gael la abrazó con un brazo.
—Danos el día libre mañana.
Nanette sonrió gentilmente. —Un día no es suficiente, tómense varios.
Gael: —No hace falta, con un día basta.
Nanette: —¿No se van a ir de viaje? Piénsenlo bien, porque cuando el trabajo se ponga pesado, ya no tendrán tiempo.
Iris se adelantó a responder.
—No importa, ya habrá tiempo después. Ahora lo más importante es la empresa.
Nanette le dio unas palmaditas en el brazo a Gael.
—Más te vale tratarla bien, ¿me escuchaste?
Gael: —Lo sé.
Con una esposa tan comprensiva y considerada, ¿cómo podría no tratarla como a una reina?

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