Dos días después.
Galileo compró las acciones de Grupo Larco que le pertenecían a Eloísa.
Sumado al acuerdo de donación de Nanette, Eloísa se había convertido en la gran ganadora de todo este embrollo.
Tras firmar el contrato de compra, Galileo fue a buscar a Nanette de inmediato.
En ese momento, Nanette acompañaba a Candela a tomar el sol en el balcón.
Nanette no dejó que Galileo entrara a la casa; prefirió salir y subirse a su coche.
Galileo fue directo al grano.
—Ya acepté venderte las acciones de Grupo Larco. En cuanto las tengas, retiras la demanda y terminamos este divorcio por las buenas.
—Me parece perfecto —respondió Nanette—. Pero para no alargar el trámite, quiero que lo hagamos en línea y ya, sin vueltas. Así terminamos esto de una buena vez.
Galileo frunció el ceño, clavando su mirada en ella.
—¿Tanta prisa tienes por divorciarte de mí? ¿No puedes esperar ni un segundo más?
—Un día más no tiene ningún sentido. Es mejor que nos soltemos y cada quien siga con su vida en paz.
Ahora que tenía a su madre, lo único que Nanette deseaba era una vida tranquila.
Galileo se quedó en silencio por un momento.
—Me odias mucho, ¿verdad?
Nanette respondió con total indiferencia.
—No tiene caso hablar de eso.
—¿Y qué es lo que tiene caso para ti?
—Alejarme de ti y forjar mi propio camino. Eso es lo único que me importa.
Galileo no sabía qué le pasaba, pero en ese instante sintió unas ganas inmensas de abrazarla.
Tenía miedo de que, al soltarla, jamás volverían a estar juntos.
—Siempre pensé que hacías berrinche con lo del divorcio solo para llamar mi atención, para que te hiciera caso... Nunca imaginé que de verdad quisieras dejarme, que estuvieras dispuesta a perderlo todo con tal de separarnos.
La miró fijamente.
—Nanette, te lo pregunto por última vez: ¿de verdad quieres el divorcio? ¿Ya no hay vuelta atrás?
Nanette le sostuvo la mirada, llena de una firmeza inquebrantable.
Se encogió de hombros.
—Tu familia ya no se peleará contigo por mi culpa, ni habrá más desmadres por mi presencia. Galileo, ¿no es esto exactamente lo que querías?
Galileo se quedó helado.
Era cierto, eso era lo que quería.
Pero eso era antes.
Ahora, además del imperio de su familia, también la quería a ella...
Galileo tomó la mano de Nanette de manera impulsiva, como si intentara retenerla.
—También te quiero a ti.
Nanette retiró la mano bruscamente.
—Las cosas llegaron demasiado lejos. Ya no hay marcha atrás.
Hizo una breve pausa, suavizando apenas el tono.
—La verdad es que nos equivocamos desde el principio.

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