Su sorpresa aún no llegaba.
Pero el susto que le dio Galileo se le adelantó.
¡De haberlo sabido, jamás se habría embarazado de él!
Camila maldijo entre dientes: —¡Qué cabrón! Ese maldito no supo valorar todo tu amor. ¡Ni siquiera respetó a la esposa de su propio hermano! ¡Los hombres de verdad piensan con lo que tienen entre las piernas!
Nanette suspiró. —A él ya le gustaba Yolanda desde antes de casarnos.
—¿Qué? —La voz de Camila subió un par de octavas de golpe—. ¿Qué chingados dices? O sea que... ¿solo fuiste su plato de segunda mesa?
Nanette sonrió con amargura. —Ni siquiera llegué a eso.
Camila escupió al suelo imaginariamente. —¡No manches! ¿Acaso Galileo no tiene corazón? ¿Qué no se da cuenta de cuánto lo amas y de todo lo que has hecho por él?
—Cuando su empresa de tecnología no lograba hacer funcionar el sistema principal y casi se van a la quiebra, fuiste tú, un genio de la informática, quien lo ayudó a escondidas a superar el bache para que pudieran expandirse en el mercado.
—¡Y todas esas veces que no podía cerrar un trato con algún cliente y tú fuiste a resolverlo a sus espaldas!
—En las cenas de negocios te daba lástima que se tomara todo ese alcohol y se hiciera daño, así que te tomabas los tragos por él y terminaste vomitando un montón de veces.
Y a ese cabrón ni siquiera le importaba.
—Hiciste tantísimo por él y jamás le pediste nada a cambio. ¡Ya no hablemos de acciones de la empresa, ni un pinche sueldo te dio!
—¡Y todavía se atreve a ser tan malagradecido!
Camila se enfurecía más de solo pensarlo. —¡Nanette! ¡Divórciate! ¡Ese matrimonio se tiene que acabar ya!
Las emociones de Nanette se fueron calmando y en su mirada apareció una determinación que nunca antes había tenido.
—Ya estoy preparando los papeles del divorcio. Pero antes de eso, me van a tener que pagar hasta el último centavo que me sacaron.
Camila le dio unas palmadas en el hombro para consolarla. —Haces bien. Hay un chingo de hombres en el mundo como para andarse amarrando a uno solo. Divórciate de una vez, así te evitas la molestia de verle la cara a ese par de cínicos.
—Y ahora que hay un... —Camila midió sus palabras, recordando que se trataba de un bebé inocente.
—Ahora que hay un niño, tener que convivir con ellos todos los días va a ser insoportable.
—¡Déjalo! ¡Mañana mismo te empiezo a buscar prospectos para que salgas con alguien!
Nanette no pudo evitar soltar una carcajada. —Cualquiera que te escuche pensaría que me aterra quedarme soltera.
—¿Tú, quedarte soltera? ¡Por favor! Seguro hay un montón de hombres haciendo fila por ti.
Nanette sonrió. —Tampoco exageres.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó