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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 826

A mitad de la noche.

El tono de llamada del teléfono despertó a Nanette.

Al principio creyó que era spam telefónico, pero cuando leyó el nombre en la pantalla, sintió que seguía soñando.

Llamada entrante: Noel Cortés.

El teléfono sonó hasta que casi se cortó la llamada. Nanette reaccionó de golpe y contestó.

Se llevó el celular al oído, pero ni siquiera se atrevió a decir «hola».

Tenía miedo de que fuera una alucinación.

Temía que, si pronunciaba una palabra, el sueño se desvaneciera.

Entonces, escuchó la voz que había estado extrañando con locura.

—¿Te desperté? ¿Estás enojada?

Nanette apretó el teléfono contra su mejilla.

—Tú... ¿pasó algo? Es muy tarde.

—Te extraño.

...

El corazón de Nanette dio un vuelco. Estuvo a punto de soltar un «yo también te extraño».

Pero no se atrevió.

Así que él preguntó por ella:

—¿Tú me extrañas?

Nanette sintió un nudo en la garganta. Creyó que estaba borracho.

—¿Bebiste de más?

—No. Solo dime... ¿me extrañas o no?

—Yo...

—Quiero la verdad. No puedes mentirme —Su tono de voz llevaba un matiz juguetón—. El bebé te escucha. Y no le gusta que su mamá diga mentiras.

Nanette se tapó la boca con la mano libre.

¿Por qué de repente tenía tantas ganas de llorar?

Le dolía el pecho.

Al ver que ella guardaba silencio, él bajó la voz, casi suplicando.

—Nanette, por favor, dime que me extrañas. Necesito escucharlo para tener valor.

¿Valor?

¿Valor para qué?

Nanette tomó una profunda bocanada de aire.

—Noel, ya basta de bromas.

—No estoy bromeando. Quiero verte.

Nanette contuvo la opresión en su pecho y trató de hablarle con dulzura, como si estuviera consolando a un niño pequeño.

—Nos veremos pronto, ¿sí? Pórtate bien.

—No. Quiero verte ahora mismo. Y quiero escucharte decir que me extrañas.

Nanette, intentando ser racional, lo desafió:

—Está bien. Si estuvieras parado frente a mí en este instante, te lo diría.

—Hecho.

¿Hecho?

Tres golpes en la puerta resonaron en el apartamento. No fueron fuertes, pero la hicieron saltar de la cama.

¿Era él?

¡Imposible!

Cuando volvieron a tocar, Nanette reaccionó y corrió a abrir la puerta.

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