Nanette captó la sutileza del reclamo de Jovita.
Pero decidió hacerse la desentendida.
—Fui yo quien le dio esa instrucción. La pobre chica es un poco asustadiza y temía que le descontara el sueldo si desobedecía, por eso fue tan estricta.
Jovita mantuvo su sonrisa intacta.
—Que la empresa cuente con empleados tan responsables es algo excelente.
Nanette aprovechó para disculparse con naturalidad.
—Cuando me enviaste el mensaje, estaba en plena reunión y no pude verlo. Lo siento.
—No te preocupes —respondió Jovita, agitando la mano—. Yo fui la que apareció de la nada sin avisar. Yo soy la que debería pedir disculpas.
Nanette fingió mirar la hora en su teléfono.
—Resulta que tengo un compromiso urgente al que debo asistir ahora mismo. Pero ya hablé con Gael; él se encargará de explicarte todo lo que necesitas saber sobre programación.
Gael apretó los dientes, forzando una sonrisa.
—Así es. Señorita Zamora, puede preguntarme lo que necesite. No me guardaré ningún secreto.
Un destello ilegible cruzó por los ojos de Jovita.
—Entiendo. Bueno, Nanette, ve tranquila. Aprovecharé para aprender todo lo que pueda de Gael.
Nanette se dirigió a su amigo.
—Te encargo mucho que le enseñes bien a la señorita Zamora.
—Por supuesto, vicepresidenta Larco —respondió él.
La verdad era que Nanette sí tenía algo que hacer.
Solo que había adelantado su plan una hora.
Esa tarde había una reunión de padres en la escuela de Tina y no podía faltar.
Iris fue la encargada de llevar a Nanette al colegio.
Gael se quedó a solas con Jovita, sintiéndose como si lo hubieran mandado al matadero.
—Señorita Zamora, ¿por dónde le gustaría empezar?
—El personaje que voy a interpretar es un genio de la informática —explicó Jovita—, así que necesito tener un entendimiento bastante profundo del tema para hacer una actuación convincente. Te pediré que seas lo más detallado posible.

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