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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 838

El recuerdo de aquel día inundó la mente de Jovita con una claridad pasmosa.

Esa vez, ella solo había tomado el sello para mirarlo de cerca, y la expresión de Noel había cambiado por completo.

Estaba claro que no soportaba que ella tocara ese objeto.

Era evidente que lo atesoraba.

Le había dicho que era el regalo de un amigo.

Ella estuvo a punto de preguntarle qué amigo, pero él cambió de tema rápidamente, dejando claro que no quería hablar más del asunto.

Resulta que...

Esa «amiga» era ella.

Tras dejar todo exactamente como lo había encontrado, Jovita salió de la oficina de Nanette.

Para su sorpresa, justo en el pasillo se topó con Gael, que volvía a toda prisa.

Al verla salir de la oficina de la vicepresidenta, Gael entornó los ojos, suspicaz.

Jovita, sin embargo, recuperó al instante su habitual sonrisa elegante, actuando como si nada hubiera pasado.

—Vi que la puerta estaba abierta, así que decidí asomarme un segundo. Quería asegurarme de que la oficina de Nanette fuera de primer nivel. Si descubría que le habían dado algo mediocre, le iba a reclamar directamente a Noel. Ella es la pieza clave de la empresa, su oficina no puede ser cualquier cosa.

Su explicación fue tan natural que Gael descartó de inmediato cualquier sospecha.

Pero al volver a la sala de juntas, Jovita ya no tenía cabeza para seguir aprendiendo.

—Dejémoslo aquí por hoy. Tengo otros compromisos esta noche y debo irme antes de lo planeado. Muchas gracias por tu tiempo.

Gael, por supuesto, no cabía de la emoción al verla partir.

—Perfecto. Que le vaya muy bien.

Esta vez, se aseguró de escoltarla con la mirada hasta que desapareció por completo.

***

Faro Tecnológico.

Con motivo de una cena corporativa, Galileo, siempre dispuesto a presumir, había reservado el club Cúpula Noir.

Aunque lo llamaban una «cena de departamentos», todos sabían que Galileo había organizado el evento exclusivamente para darle la bienvenida a Camila.

En todo Faro Tecnológico, Camila era la única que gozaba de un trato tan privilegiado.

Pero a ella no parecía importarle en absoluto.

En el fondo, se arrepentía un poco de haber aceptado el puesto.

Pero el contrato ya estaba firmado, así que no le quedaba más remedio que seguir adelante.

Ese era el ciclo eterno de Camila: hacer algo, arrepentirse, y luego volver a hacerlo.

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