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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 888

Pasadas las seis de la mañana, Félix tocó a la puerta de la habitación.

Fue Noel quien le abrió. Al verlo, Félix no solo no pareció sorprendido, sino que lo saludó con la docilidad de un alumno ejemplar.

—Buenos días, cuñado.

—¿A qué vienes tan temprano? —preguntó Noel con sequedad.

—No podía dormir. Vine a buscar a mi hermana.

—A partir de ahora, no vengas a molestar a tu hermana tan temprano.

Félix asintió obediente.

—Entendido.

Nanette, que se estaba arreglando en el baño, escuchó toda la conversación y se quedó atónita.

Ver a Félix portarse de manera tan dócil era simplemente increíble. ¿Acaso Noel de verdad era la única persona capaz de domarlo?

Nanette salió del baño y encontró a Félix sentado derecho y formal en el sofá, con los ojos tan hinchados que parecía un panda. Aunque al principio no tenía ganas de hacerle caso, no pudo evitar preguntar:

—¿No dormiste anoche?

Félix agachó la cabeza, desanimado.

—No, no pude pegar los ojos. Tengo miedo.

—Ya eres un hombre hecho y derecho —replicó Nanette, incrédula—. ¿A qué le tienes miedo?

—Me siento perdido.

—¿Perdido por qué?

—Si mamá... digo, mi madre, termina en la cárcel...

—Nanette se acercó a la tetera con la intención de calentar agua, pero Noel se adelantó y tomó el recipiente de sus manos con un movimiento natural. Félix continuó:

—No sabré qué hacer con la familia. Es una carga muy grande y al final terminaré arruinándolo todo.

Nanette no pudo evitar soltar una risa amarga.

—Al menos estás consciente de tus limitaciones.

Quizás ese era uno de los pocos talentos de Félix: siempre tener claro cuál era su lugar.

—Siempre lo supe —dijo Félix—. Por eso nunca quise pelear por la herencia familiar. Siempre pensé que, mientras estuvieras a cargo, mi vida estaría asegurada. ¿Quién iba a pensar que mamá haría esto...?

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